Jesús de la Osa: “Los principales destinatarios de la educación ambiental hemos de ser las personas adultas, y no los niños”

 

No exageramos si decimos que el cambio climático se ha convertido en el gran desafío mundial del siglo XXI; pese a que políticos como Trump no lo quieran ver . O no les interese. Y es por eso que el trabajo de personas como Jesús de la Osa, educador ambiental con una amplia experiencia en temas de salud y medio ambiente y cambio climático, se vuelve tan importante, tan imprescindible; porque sin gente que dé visibilidad a las consecuencias del cambio climático, que informe y que reeduque a la población, sería imposible continuar plantando cara a tan “hercúleo desafío”.

De la Osa participa de manera activa desde el año 2005 en el Seminario de Comunicación, Educación y Participación en Cambio Climático del CENEAM. También ha coordinado y elaborado varias publicaciones del Observatorio de Salud y Medio Ambiente DKV Seguros–ECODES y ha participado en el reciente informe sobe el impacto del cambio climático en la infancia elaborado por UNICEF. Él es claro: “Hay que empezar a actuar ya frente al cambio climático; desde el optimismo (mejor) o desde el pesimismo, pero actuar”. #ProtegeLaTierra

 

¿Dirías que España es más vulnerable que otros países a los efectos del cambio climático? ¿Por qué?

Sí, muchos estudios evidencian que las regiones del sur y el sudeste de Europa somos especialmente vulnerables a los impactos del cambio climático. Por ejemplo, al incremento de fenómenos meteorológicos extremos, como la mayor frecuencia e intensidad de las olas de calor. La reducción de precipitaciones y del caudal de los ríos puede ocasionar sequías y reducir la disponibilidad de agua, con un gran impacto en la agricultura. A la vez, las zonas costeras y las llanuras de inundación presentan mayor riesgo de inundación por el aumento del nivel del mar y los episodios más intensos de precipitaciones y tormentas. Otro impacto es la pérdida de la biodiversidad, con especies que desaparecen, migran hacia el norte o a mayores altitudes… y los efectos económicos asociados a estos puntos suman millones de euros.

Muchos de los impactos del cambio climático afectan a la salud de las personas, como las decenas de miles de muertes prematuras provocadas por las olas de calor en Europa o la extensión de las áreas de distribución de algunas enfermedades transmitidas por insectos. Además, son los grupos sociales más vulnerables, quienes más los sufren; las personas mayores, las mujeres, los migrantes, la infancia (como evidencia el informe cambio climático, infancia y salud de UNICEF) y las personas más pobres.

¿Es “suficiente” la educación medioambiental que se ofrece en los centros escolares?

Los principales destinatarios de la educación ambiental hemos de ser las personas adultas, y no los niños: somos quienes tomamos las decisiones cada día. Lo hacemos a través de nuestras opciones de consumo, de las políticas que ponen en marcha los gobernantes que elegimos, de los medios de transporte que usamos, de la manera en que se genera la energía que consumimos, de las elecciones que tomamos al alimentarnos… Sobre todo los decisores, los gestores, los políticos serían los más importantes. Pero no es solo responsabilidad individual. Muchas barreras nos dificultan pasar del conocimiento y la actitud positiva a la acción de manera que se produzca una necesaria transformación social.

Por otra parte, la educación ambiental no es la solución a los problemas socioambientales, solo es una herramienta más, pero son las políticas, la gestión, los modelos sociales y económicos, etc. los que deben generar un cambio social entre todos ellos. No podemos esperar a que nuestros hijos crezcan para que solucionen los problemas que hemos creado las generaciones anteriores. Tenemos que actuar ya. Por eso delegar el necesario cambio socioambiental solo a la educación ambiental en la escuela me parece, además de un error, una postura cínica o inconsciente.

Dicho eso, una educación ambiental crítica y transformadora, no cosmética, es una herramienta esencial para el cambio socioambiental. Todo el apoyo que se pueda dar a la escuela para ello será poco. La presencia amplia de los temas socioambientales en el currículum escolar es imprescindible y debe estar presente.

Los principales destinatarios de la educación ambiental hemos de ser las personas adultas, y no los niños.

¿Debería haber una asignatura ambiental en los colegios?

El enfoque ambiental, social y de salud debería ser transversal a todo lo que se trabaja en la escuela y en los procesos de enseñanza aprendizaje que tienen lugar en ella, pero también fuera de ella, en la educación no formal y en la informal (la que ocurre en el grupo social, en la familia, los amigos, en los medios de comunicación, redes sociales…). Pero no como una asignatura, porque si para cada problemática social a la que nos enfrentamos hubiera que crear una asignatura específica en la escuela, el sistema educativo, la comunidad educativa, y el profesorado en particular, tendrían una carga todavía mayor de la que ahora sufren, con decenas de “asignaturas” de temas socialmente relevantes, y son muchos.

No tiene sentido que le pidamos a nuestros hijos una actitud responsable ante el planeta si nosotros no lo hacemos. ¿Damos ejemplo en casa?

Claro. Lo que más educa son los contextos educadores que faciliten conductas proambientales, y el hogar es el primero para construirlas. Pero hay otros. Estamos cargados de contradicciones. Vemos muchas veces familias que hacen continuamente de taxistas llevando a sus hijas e hijos en coche durante kilómetros a múltiples actividades extraescolares lejanas con unas emisiones de contaminantes atmosféricos y de CO2 elevadísimas. Porque el contexto social lo promueve. O padres y madres que quieren lo mejor para sus hijos, pero aparcan el coche en doble fila en la puerta de la escuela cada mañana, generando atascos y provocando que la calidad del aire en la puerta de algunas escuelas a la hora de la entrada sea claramente nociva para la salud de esos niños y niñas. Un niño que va en coche a todas partes verá que es la manera normal de moverse por la ciudad.

 

 

¿Hasta qué punto es importante lo que hagamos hoy para cambiar el mañana?

Muchos efectos del cambio climático son ya irreversibles. Pero está totalmente en nuestras manos decidir la magnitud de esos efectos mediante acuerdos severos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y poniendo en marcha políticas y estrategias de adaptación a esos impactos. Por tanto hay que actuar, con urgencia y con intensidad en reducir nuestras emisiones para no superar los 2ºC (1,5ºC preferentemente, pero estamos demasiado cerca de ello ya para creer que es posible) que establece el Acuerdo de París. Y eso supone un cambio radical en nuestras sociedades.

Muchos efectos del cambio climático son ya irreversibles.

En 2016 publicabas un informe de ECODES y DKV seguros sobre ‘Cambio climático y salud’ en el que adviertes que viviremos menos y lo haremos con más enfermedades. ¿Cómo podemos desde casa comenzar a cambiar esta situación?

Sí, en la publicación ‘Cambio climático y salud’ del Observatorio de Salud y Medio Ambiente DKV ECODES 2016 profundizábamos en los impactos en la salud del cambio climático, que son numerosos. El cambio climático exacerba y amplifica muchos problemas de salud y podría revertir muchos avances en salud pública de los últimos 50 años.

Pero también decíamos que actuar por el clima y frente al cambio climático podría ser la mayor oportunidad del siglo XXI en salud mundial. La acción por el clima, a través de la mitigación y la adaptación, tiene enormes beneficios directos e indirectos sobre la salud y podría prevenir enfermedades y muertes relacionadas con el cambio climático.

Una visión de la acción frente al cambio climático desde la salud puede ser más poderosa para el cambio que otros enfoques, al unir a todos los actores tras una causa común: nuestra salud y el bienestar, conceptos más tangibles, comprendidos y reconocidos que las toneladas de CO2.

Las acciones por el clima tienen importantes cobeneficios. El transporte a pie o en bicicleta, la dieta con menos proteínas animales, las energías renovables, etc., mejoran la calidad del aire, la salud cardiovascular, el sobrepeso, la obesidad, la diabetes, el cáncer, la salud mental, reducen accidentes de tráfico, enfermedades respiratorias y cardiocirculatorias, etc.

Muchas personas siguen pensando que pequeños gestos no cambian nada… Poquito a poquito, ¿podemos hacer algo grande?

Los pequeños gestos sumados pueden cambiar realidades y políticas. Hay que vencer esa sensación de insignificancia individual y cambiarla por el empoderamiento que nos da también la suma de muchas pequeñas acciones, por ejemplo en materia de consumo, se pueden conseguir muchas cosas. Pero las barreras y las presiones a la que nos enfrentamos son muchas. Por eso a veces el abordaje colectivo y compartido de soluciones con otras personas nos ayuda a superar algunas de esas barreras. Por ejemplo cultivando un huerto comunitario, perteneciendo a una cooperativa de consumo o energética, haciendo comunidad, en definitiva.

Con el panorama actual… ¿Se puede ser optimista?

La tarea es hercúlea, inmensa, pero hay que empezar a actuar ya frente al cambio climático. No sé si desde el optimismo (mejor) o desde el pesimismo, pero actuar. Trump acaba de declarar la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París; y es una mala noticia que el presidente del segundo emisor de gases de efecto invernadero del planeta haya tomado esa decisión. Pero los demás deben redoblar sus compromisos y cumplirlos. Nosotros exigirlo y actuar desde nuestros ámbitos.

¿Qué recomendaciones le puedes dar a unos padres que quieren contribuir a un mundo más sostenible? ¿Por dónde pueden empezar?

Todos queremos lo mejor para nuestros hijos. Pero en un mundo global y con una visión ética tenemos que pensar en ellos y en todos los demás de nuestro entorno más cercano y del planeta, que quizá no son tan afortunados, como evidencian los datos de pobreza infantil en España y en el mundo. Los más pobres serán los más afectados por el cambio climático.

Tenemos que caminar, caminar y caminar. Desplazarnos en bicicleta. Usar el transporte público. Usar lo menos posible el vehículo privado. Compartir coche. Acometer una rehabilitación energética de nuestro ineficiente y despilfarrador parque de vivienda. No poner la calefacción ni el aire acondicionado demasiado fuertes. Desenchufar los aparatos en standby. Comprar los electrodomésticos A+++ y sustituir nuestra iluminación por LED. Procurar una alimentación con productos locales, cercanos, de temporada y ecológicos. Reducir el consumo total de carne. Que nuestros hijos e hijas vuelvan a ir andando a sus colegios, para recuperar su autonomía, no emitir CO2, mejorar la calidad del aire, actuar frente al cambio climático, reducir el ruido de nuestras ciudades y mejorar su salud. Cambiarnos a una compañía eléctrica que comercialice electricidad de origen renovable. Promover al máximo las energías renovables. Reducir los envases, bolsas. Reciclar al máximo y todas las fracciones. Y seguramente es indispensable, y quizá inevitable, que empecemos a consumir menos, con mayor eficiencia y de otra manera. Es necesario.

 

Autor entrada: Diana Oliver

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