De la tele a internet: Los niños de la generación YouTube

Un estudio realizado recientemente por Ofcom (el órgano regulador de las telecomunicaciones en Reino Unido) concluye que los niños británicos ya dedican más tiempo al consumo de contenidos online (15 horas a la semana los niños entre 5 y 15 años; 8 horas semanales los niños entre 3 y 4 años) del que emplean a ver la televisión (13 horas y 36 minutos de media a la semana). En Madresfera nos hemos preguntado qué consecuencias puede tener esta nueva realidad, extrapolable a otros países occidentales, que promete marcar la pauta del consumo audiovisual infantil durante las próximas décadas.

Por Diana Oliver y Adrián Cordellat

“Televisión significa o significaba ver cosas en familia y comentarlas. Internet significa individualidad y construcción por el niño de un mundo ‘artificial’ fabricado fuera de la ‘realidad’ viva de los demás”, explica Francisco Mora Teruel, doctor en Medicina y en Neurociencia y autor, entre otros, de ‘Neuroeducación: Solo se puede aprender lo que se ama’. Para el experto en neurociencia, internet es un nuevo mundo en el contexto social, un “mundo revolucionario” que se muestra como una herramienta positiva “con sus enormes ventajas para esa vorágine y trasiego de información nueva que aparece y corre por las redes”. Sin embargo, Mora Teruel también advierte que, aunque se requieren más estudios al respecto, se observan consecuencias negativas a lo largo de los últimos años “para el aprendizaje y memorización de los niños en el colegio”.

De esa individualidad de la que habla el neuropsicólogo también da buena cuenta Abel Domínguez Llort, psicólogo clínico y director de Dominguez Psicologos, quien opina que el cambio de tendencia permite hacer “todavía más personalizadas” las elecciones sobre lo que ver, de tal manera que el antiguo formato de ver un programa de televisión en el salón como actividad familiar “se está cambiando por estar en el salón en familia mientras cada uno ve una cosa diferente o realiza cualquier otra actividad en su dispositivo portatil (ya sea tablet o smartphone)”. Esto, que se ha convertido ya en una práctica habitual, como demuestran los datos del estudio británico (el 34% de los niños de 3 y 4 años tienen su propia tableta), conlleva el peligro de que la individualidad que genera el mundo digital se traduzca en una disminución de los espacios comunes familiares “en los que se da pie a charlar de lo que ha ocurrido durante el día y en los que se transmiten conocimientos y valores de padres a hijos produciéndose un empobrecimiento de la comunicación en la familia”.

Según el estudio sobre los hábitos de consumo audiovisual del público infantil de Reino Unido presentado por el órgano regulador de las telecomunicaciones de ese país, el 73% de los menores británicos entre 5 y 15 años son usuarios de YouTube y un 37% de los niños de entre 3 y 4 años utilizan esta red social para ver cortos animados y series de dibujos. Por tanto, YouTube se ha convertido en la principal fuente de entretenimiento durante la infancia y la adolescencia; una tendencia que se observa no solo en el país anglosajón sino a nivel mundial, incluida España. “En internet hay una mayor dificultad para el control del acceso a contenidos inadecuados para los menores mientras que en la televisión, con más o menos flexibilidad, hay unas bandas horarias en las que no se muestran (o no se deberían mostrar) contenidos violentos, sexuales o que podrían herir la sensibilidad de los más pequeños. Esto exige a los padres un adecuado manejo de los ‘controles parentales’ de internet que los buscadores y sistemas operativos tienen para evitar el acceso de los menores a información inadecuada, y no todos los padres tienen tiempo o ganas de formarse e informarse sobre cómo se usan, por lo que los menores están expuestos a todo tipo de contenidos”, nos explica Abel Domínguez. No es de extrañar entonces que la plataforma de vídeos online lanzara YouTube Kids pensando en el público más joven, buscando con ella mayor seguridad en el manejo de internet así como un mejor control de los contenidos.

¿Pasan los niños demasiado tiempo frente a la pantalla?

La aparición de internet es un fenómeno relativamente reciente; no podemos olvidar que hasta el año 2000 no comenzó a extenderse el trabajo de los operadores de cable en los hogares. Pocos podían imaginar por aquel entonces este giro en el que la democratización de los contenidos audiovisuales, la inmediatez y la ausencia, o la limitación, de publicidad han convertido a lo online en una distracción atractiva para la sociedad en general pero muy especialmente, y como diversas investigaciones han demostrado durante los últimos años, para niños y adolescentes. Tanto es así que este grupo de población se ha convertido en un auténtico problema para las televisiones, que ven cada vez más mermada su audiencia, pero un auténtico filón para los profesionales de internet, especialmente para YouTube (el entretenimiento preferido de niños y adolescentes). Internet se ha convertido en la nueva televisión.

Según Abel Dominguez, “los niños pasan mucho más tiempo frente a la pantalla del que pasaron sus padres con su edad” y, como padres, nos invita a preguntarnos: “¿Ofrezco a mi hijo/a alternativas de ocio a estar sentado frente a la pantalla? ¿Soy capaz de ofrecer actividades divertidas para él o ella pese a que me reste tiempo de descanso o pese a trabajar muchas horas?”. Para el psicólogo, a menudo tenemos tantas cosas que hacer que “dejamos que los niños pasen muchas horas frente a la pantalla (tabletas, móviles, ordenadores o televisión) porque están más “tranquilos” y así mientras nosotros podemos aprovechar para hacer otras cosas”. Cambiar ese modelo de conducta es fundamental pero exige un esfuerzo por parte de los progenitores y del entorno del niño.

Dejamos que los niños pasen muchas horas frente a la pantalla (tabletas, móviles, ordenadores o televisión) porque están más “tranquilos” y así mientras nosotros podemos aprovechar para hacer otras cosas.

“Internet es una herramienta muy útil, por lo que en el mundo globalizado en el que vivimos no podemos eliminarlo de la vida de nuestros hijos”, afirma Verónica Pérez Ruano, especialista en Psicología Clínica y en psicología infantil y juvenil, directora del centro de psicología Raíces. Sin embargo, la psicóloga explica a Madresfera que es muy importante que nosotros, como padres, “enseñemos a los niños a hacer un uso responsable”. Para ello, la psicóloga nos da algunas recomendaciones: “Lo más importante en este sentido es educar siendo un modelo. Si en una casa los padres son grandes consumidores de contenidos digitales los niños muy probablemente imitarán esta conducta y tenderán a reproducirla. Como recomendaciones generales, para tener en cuenta lo que podría ser un consumo moderado, podríamos decir que hasta los tres años habría que evitar por completo la exposición a pantallas y, a partir de entonces, de forma muy limitada hasta los 12 años. De los 12 a 16 años nuestros hijos ya tienen capacidad crítica para acceder a contenidos de internet, por lo que, pese a que es recomendable la supervisión por parte de un adulto, podemos ir cediendo el control si vemos que son capaces de hacer un uso responsable”. ¿Y qué es un uso “responsable”? “El empleo de internet sin que su uso suponga la interrrupción o abandono de otras actividades importantes como el estudio, la socialización, el descanso o la vida familiar”.

Opina Verónica que en definitiva de lo que se trata es de que “la tecnología no sea nunca un sustituto de las necesidades que tienen los niños, como jugar, pasar tiempo en la calle, en la naturaleza o compartir tiempo con su familia”.

Consecuencias del abuso

Francisco Mora Teruel advierte de que ateniéndonos a los estudios que hoy en día existen navegar por internet muchas horas al día (entre 3 y 7 horas) “puede afectar a los procesos atencionales en los niños”. Según el neurocientífico, “los niños que navegan mucho por internet prestan menos tiempo de atención a lo que se explica en clase, están mas distraídos, es decir no dedican el tiempo necesario de atención que permita aprender bien, en profundidad y consecuentemente en anclar lo aprendido de un modo mas sólido”. La explicación se haya en que el hábito que se adquiere al navegar por internet es el de cambiar muy rápido y sin el tiempo que requieren las funciones ejecutivas (del estudio).

También apunta Francisco que existen estudios recientes que sugieren que los niños que navegan mucho en internet tienen disminuida su capacidad de autocontrol (fácil impulsividad en sus conductas) y muestran un cambio en sus capacidades “reposadas” de evaluar sus decisiones y las recompensas o placer que se obtienen con ellas. “Estos niños tienen una tendencia a realizar conductas para la obtención “inmediata” de las recompensas o emoción placentera, lo que habla de esa cierta desinhibición o falta de autocontrol. Todo esto viene avalado por cambios funcionales y también ya anatómicos en el cerebro como, por ejemplo, en el giro angular (área 39 de Bodman, tan esencial en el aprendizaje de la lectura por su función en la conversión de grafema a fonema); o la corteza cingulada anterior (interacción computacional entre emoción-intención-acción); o la propia corteza prefrontal ventromedial (entronización de valores y normas) de tanta relevancia social y cultural; y más recientemente su acción sobre esa función personal y social tan relevante como es la empatía”, explica.

Todos estos cambios también tienen efectos a nivel psicológico. Verónica Pérez Ruano ha observado en sus consultas que los niños cada vez comienzan a exponerse antes, y en mayor medida, a los medios digitales, algo que se ha traducido directamente en multitud de comportamientos que causan sufrimientos asociados con internet. “Hay conductas que nos pueden alertar de que algo va mal como estallidos de ira cuando se le pide que deje internet, necesidad continua de estar con el ordenador o móvil, incapacidad de disfrutar de otras actividades o descuidar otros aspectos importantes de su vida, como los estudios o jugar con sus amigos, por conectarse a internet”, señala la psicóloga.

Hay conductas que nos pueden alertar de que algo va mal como estallidos de ira, necesidad continua de estar con el dispositivo o incapacidad de disfrutar de otras actividades.

En edades tempranas, los niños están aprendiendo cómo funciona el mundo, la forma y el tamaño de los objetos al tocarlos, etc. “Este tipo de conocimiento no puede obtenerse de medios digitales e incluso puede perjudicar el aprendizaje posterior”. Para la fundadora del centro Raíces, es importante también no olvidar que “los niños tienen que aprender a regular su propia conducta”, algo que solo se consigue a través del aprendizaje “vivencial”, imposible de lograr sin “tiempo, paciencia y dedicación”. Por tanto, según Verónica, “si impedimos que los niños puedan aprender bloqueando este proceso porque a los padres les resulta más cómodo, la complicación aparecerá posteriormente, cuando quizá ya haya que abordarlo como un problema y no como un hito evolutivo más en su desarrollo”.

También apunta Abel Domínguez diversas consecuencias de esta “digitalización vital” para el desarrollo de los menores: “A nuestra consulta llegan niños a los que el formato más clásico de «papel y boli» les genera rechazo y les resulta aburridísimo, ya que están acostumbrados al formato digital. Algunas dificultades en la adquisición de la escritura también podrían deberse a esta predisposición de los menores por usar los dispositivos electrónicos”.

La adicción a internet también forma parte del día a día en la consulta de Abel. “A día de hoy nos encontramos numerosos casos en los que nos consultan por problemas de socialización de los niños en cuya base se sitúa un exceso de tiempo dedicado a los videojuegos, las redes sociales (graciosa contradicción) o a ver vídeos en Youtube”, concluye el psicólogo, quien anima a observar la actitud de nuestros hijos con respecto al uso de internet así como a no convertir desde bebés la práctica del “hipnotismo” tecnológico en algo habitual y normalizado en el hogar.

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Autor entrada: Diana Oliver

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