“Un gran error que cometemos los padres del siglo XXI es el intentar ser padres perfectos”

En sus años como pediatra en el Hospital de La Paz de Madrid y en la Ruber Internacional, la pediatra granadina María Salmerón ha acumulado mucho conocimiento y experiencia. No tanto como desde que en 2013 fue madre por primera vez y comprobó “la realidad de una pediatría que no se aprende en los libros”. De ambos aspectos y de su blog Mi mamá ya no es pediatra nace Criar sin complejos para disfrutar del arte de ser padres (Edaf editorial), un libro lleno de sentido común, que no juzga ni da recetas mágicas, sino que se centra en transmitir las necesidades del bebé en cada una de sus etapas para facilitar a los padres la búsqueda de su propio camino en la maternidad y la paternidad. Porque como dice la propia María, “cuanto más conoces a tus hijos más fácil va a ser que la educación que les brindes se adapte a sus necesidades”.

Por Adrián Cordellat

Criar sin complejos es una completa guía que aborda las necesidades del bebé desde los 0 a los 5 años. “El libro que a mí me hubiese gustado tener cuando me sentí tan perdida en mi primera maternidad”, se puede leer en la contraportada. Sé que es difícil hablar de tu trabajo, pero ¿qué tiene Criar sin complejos que lo diferencia de otros libros sobre crianza que podemos encontrar en el mercado?

Mi blog Mi mamá ya no es pediatra nació con la idea de hacer algo totalmente diferente a lo que ya existía: yo no quería hablar de maternidad, sino de ser padres, y romper con ese lenguaje que siempre parece que habla en femenino y que se dirige a las madres. He intentado hacer un libro en el que se hable de la función de ser madres y padres, independientemente del modelo de familia que sea. Todos tienen que tener cabida. Otra cosa que me llamaba la atención de los libros de crianza es que hablaban de una forma de hacer las cosas muy rígida. Yo no quería explicar cómo hacer las cosas, porque eso depende de muchos factores. Al final si algo te demuestra el ser padre es que tienes que ser muy flexible, así que me parecía importante convertir al niño en protagonista de su propia historia. Por eso el libro está dividido en capítulos que se hacen eco de necesidades del bebé. Al final gran parte de los conflictos que tenemos al ser padres ocurren porque los niños tienen unas necesidades muy distintas a las de los adultos. Quería que se viera cómo esas necesidades del niño van madurando con el paso del tiempo hasta que llega un momento en que se parecen a las del adulto. Eso me parecía mucho más útil, algo que puede sobrevivir al tiempo y ser de valor para cualquier tipo de familia.

En el subtítulo del libro, así como en varios fragmentos en su interior, hablas “del arte de ser padres”. ¿Ser padres es un arte?

Sí lo es, sí (risas). La RAE en su primera acepción define “arte” como “capacidad, habilidad para hacer algo”, así que ser padres es un arte, una capacidad que vamos adquiriendo con el tiempo y que además ofrece la posibilidad de equivocarse. Y equivocarse es algo maravilloso porque permite al ser humano crecer y porque si les enseñamos a nuestros hijos desde pequeños que pueden equivocarse y que pueden pedir perdón si han hecho algún daño, les estamos enseñando algo muy importante: que no hace falta ser perfectos y que pueden probar a hacer cosas, algo que genera mucha autonomía. Creo que un gran error que cometemos los padres en el siglo XXI es el intentar ser padres perfectos o intentar que otros padres sean como nosotros. Hay muchos caminos para ser buenos padres y cada uno tiene que encontrar el suyo, porque entonces es cuando realmente se disfruta de los hijos.

“Si algo te demuestra el ser padre es que tienes que ser muy flexible”

En el primer capítulo del libro abordas por un momento tu propia experiencia de la maternidad y dices abiertamente “los primeros meses son duros”. ¿Crees que tendemos a edulcorar la maternidad y que luego, cuando se nos viene encima, nos sobrepasa precisamente por eso, porque es más dura de lo que imaginábamos?

Sí, pero este edulcorar es necesario. A nivel psicológico en el proceso de ser padres hay una etapa, entre el inicio del embarazo y el tercer trimestre, en el que uno idealiza el ser padre; y lo idealiza precisamente porque necesita imaginar, algo necesario para irse creando una idea. Conforme se va acercando el parto, sobre todo en el caso de las madres, empiezan a surgir pensamientos de que el bebé puede tener alguna dificultad, alguna enfermedad. Todo este proceso es necesario para afrontar el ser padres.
También es cierto que el concepto de tribu ha cambiado. Antes era la familia extensa, que convivía bastante cerca y participaba activamente en el nacimiento del bebé, así que uno era consciente de cómo se criaban los hijos y cómo lo vivían los padres. Hoy la tribu son otras madres que generalmente lo son al mismo tiempo que tú, pero es posible que muchas no hayan visto nunca cómo se cría un hijo, cómo se da el pecho… y eso hace que la maternidad esté todavía más idealizada, algo que es un fenómeno social de nuestra época.
Sí que creo también que mucha gente no dice la verdad, o que cuenta solo la parte buena, o incluso que miente mostrando una paternidad idílica porque tienen miedo a ser juzgados. La sociedad tiene que dar lugar a esa parte negativa de la maternidad, no juzgarla. El hecho de reconocerlo también ayuda a crecer.

En ese primer capítulo, por cierto, hay un epígrafe que me ha encantado, el de “yo y mis circunstancias”. ¿Hasta qué punto pueden influir esas circunstancias en nuestra experiencia de la maternidad/paternidad?

Mucho, porque al final somos un reflejo de nuestra propia infancia. Cuando uno se convierte en padre o madre vive una etapa en la que se pregunta cómo le han criado a uno mismo y qué cosas de esa etapa le han gustado y cuáles no, porque está perfilando cómo le gustaría ser. Es una especie de segunda adolescencia en las que te planteas qué te gusta y qué no de tu familia, qué quieres hacer como ellos y qué quieres cambiar.
Ser padres aúna pasado, presente y futuro. El pasado por lo que acabo de comentar, y el presente porque las circunstancias actuales pueden determinar tu forma de ser padre. Todos sabemos, por ejemplo, que el afrontamiento de la llegada del primer hijo poco tiene que ver con el del segundo, porque tus circunstancias son diferentes, ya has vivido una experiencia, y aunque sabes que puede que la nueva nada tenga que ver con la anterior, ya no es algo que te agobie porque sabes que tarde o temprano encontrarás el camino para criar a tu hijo.

“Ser padres es una especie de segunda adolescencia en las que te planteas qué te gusta y qué no de tu familia, qué quieres hacer como ellos y qué quieres cambiar”

Hablas mucho en el libro, concretamente en el segundo capítulo, de la disciplina positiva, que tú has puesto en práctica en tu vida y en la crianza de tus hijos. ¿Qué te ha aportado como madre?

Me ha aportado como persona, más allá de como madre. Al final la disciplina positiva me ha ayudado a darme cuenta de lo esencial y a diferenciar los objetivos a corto plazo de los objetivos a largo plazo en la educación de mis hijas, teniendo en cuenta como es cada una de ellas. Cuanto más conoces a tus hijos más fácil va a ser que la educación que les brindes se adapte a sus necesidades. Ahora no me centro tanto en que me obedezcan y me he dado cuenta de que lo importante es transmitirles el respeto, el amor hacia el otro, el saberse poner en el lugar del otro, el darse cuenta de cuando uno se equivoca, el aprender a rectificar y pedir perdón. Yo invito a todo el mundo a que experimente con la disciplina positiva.

No rehuyes tampoco temas como la lactancia materna vs lactancia artificial; el sueño infantil; o la alimentación complementaria que son fuente de no pocos enfrentamientos entre familias. ¿Por qué crees que está todo tan polarizado en la crianza?

Yo creo que está tan polarizado precisamente por esa inflexibilidad del adulto, por ese focalizar la crianza en lo que uno piensa y no en las necesidades del bebé. Hay que entender que hay familias con formas de hacer las cosas diferentes y que eso no tiene por qué estar mal, simplemente tienen otras prioridades y no pasa nada. Lo importante al final es que los padres pierdan el miedo a equivocarse, que sepan cómo es un bebé y qué necesidades tiene (desterrando mitos que te llevan a hacer cosas que tú no quieres hacer), y que descubran su propio camino.

Hablando de mitos: ¿Crees que no ayuda en ese sentido el que haya muchos mitos sobre esos aspectos (lactancia materna, alimentación, sueño infantil) que se traspasan de generación en generación?

Creo que uno de los errores de los adultos, y es algo que veo cada día en consulta, donde trato mucho con adolescentes, es que escuchamos poco. Imponemos cosas y escuchamos poco. Eso no significa que no haya que poner límites, pero límites con cariño y muestras de afecto. Creo que los mitos al final nacen de no escuchar al bebé, de no pararse a saber qué es un bebé e intentar ponerse en su pellejo, de no trabajar la empatía. Hay muchas cosas que se han perpetuado sin base científica. Y claro, si todo el mundo te dice que hagas una cosa y tú te sientas perdida, es posible que al final les hagas caso. Y eso hace que vea a muchos padres que viven una crianza con la que realmente no se sienten cómodos por el hecho de hacer lo que oyen, les dicen y les aconsejan.

“Creo que los mitos al final nacen de no escuchar al bebé, de no pararse a saber qué es un bebé e intentar ponerse en su pellejo, de no trabajar la empatía”

Tratas también en tu libro la necesidad de dejar crecer a los niños. A veces tengo la sensación de que vivimos en un mundo en el que los padres queremos tener genios como hijos y los sobreestimulamos, no respetando sus ritmos. ¿Puede tener consecuencias esa sobreestimulación?

Sí. A corto plazo genera agotamiento físico a consecuencia de los horarios muy exigentes. También trastornos del sueño debido a los altos niveles de estimulación. Disminuye la atención, porque son niños que aprenden a trabajar con múltiples estímulos y se distraen. Y luego estos niños tienen poco tiempo para las actividades que realmente son estimulantes para sus cerebros. Los niños tienen que tener tiempo para no hacer nada, para aburrirse, porque de ese aburrimiento surge la creatividad. El juego y el contacto con la naturaleza les permiten desarrollar su creatividad. Y, por último, los niños sobreestimulados tienen un alto nivel de exigencia porque necesitan estar ocupados para sentirse bien. Esto nos pasa también a muchos adultos, que no sabemos parar, que tenemos que estar siempre haciendo algo y nos olvidamos de disfrutar de las pequeñas cosas.

Y, para terminar y un poco en relación a los mitos de los que hablábamos: hoy tenemos mucho más acceso a la información que nuestros padres, hay muchos libros, estudios sobre maternidad y crianza. ¿Tienes la sensación de que, como pacientes, somos padres y madres más empoderados en ese sentido?

Los padres están más informados. El problema es que muchas veces discriminar entre lo veraz o no veraz es complicado, por eso yo a los padres que vienen a consulta los remito a páginas con información verdaderamente contrastada y con evidencia científica. A aquellos padres que encuentran información veraz, ésta les ayuda. Pero a aquellos otros que encuentran información sesgada esto les confunde, porque reciben mucha información contradictoria a la vez, así que también están desinformados al mismo tiempo. Creo que esto es un arma de doble filo. Los padres tienen que preguntar si tienen dudas a personas de carne y hueso. Y a quién mejor que a su pediatra.

Autor entrada: Adrián Cordellat

1 thought on ““Un gran error que cometemos los padres del siglo XXI es el intentar ser padres perfectos”

    Daniela

    (24 enero, 2019 -4:47 pm)

    Maravilloso blog, me ha encantado. De verdad muchas gracias

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