Cuando salga voy a dar tantos abrazos… No

Una de las frases mantra que el confinamiento provocado por COVID-19 ha puesto en boca de casi todos es la de “Cuando esto termine lo primero que voy a hacer es abrazar a…” rellenar con el nombre deseado. Hay quienes sostienen que van a abrazar a todo el mundo y que el contacto físico es algo que echamos mucho de menos. Si bien por una parte esto es cierto y el contacto físico es necesario para nuestro desarrollo emocional ( y más aún para el de nuestros hijos e hijas), la realidad es que las ciudades no se van a poblar de gente abrazándose espontáneamente tras la cuarentena. Una razón podría ser que aún tendremos el miedo en el cuerpo y la COVID-19 nos hará conscientes de los riesgos potenciales de este tipo de contactos. Pero hay otra verdad: el aprendizaje.

No es la carencia lo que nos hace aprender un hábito, sino la rutina. Del mismo modo que no aprendemos a lavarnos las manos haciéndolo unas veces y luego echando de menos el ritual, con los abrazos sucede lo mismo. La cuarentena es una oportunidad excelente para inculcar en nuestros hijos e hijas (y también en las parejas) el hábito de expresar nuestros amor, por ellos y ellas y por los demás. Si rara vez demostramos amor con un gesto, sea físico o mediante la palabra, ese hábito no va a surgir mágicamente porque lo echamos de menos. Instalar una rutina de tareas escolares, hogareñas, de tiempo libre, de ejercicio, de lectura, está muy bien, pero también podríamos inaugurar una´de afecto: la hora del mimo, del abrazo. Un momento, de 5 minutos, media hora, lo que nos pida el cuerpo, durante el cual el único objetivo sea mostrar cuánto nos importa el otro.

Antes de dormir a mi hija Clara, todas las noches, dedico unos momentos a decirle cuánto la quiero, lo importante que es para mi, que aún huele a levadura, como cuando era bebe. Le enseño la cultura del abrazo. Con mi mujer lo mismo: tenemos el pacto de que si dormimos en la misma cama, por más enfados del día, hay que abrazarse al menos un segundo. Hemos comprobado que santo remedio contra el orgullo. Obvio que hay situaciones extremas, discusiones más graves. Lógico que hay quienes ahora mismo no pueden abrazar a sus seres queridos, sea por la distancia o por el tiempo. Pero una llamada para recordarle porqué es tan importante para nosotros, un vídeo para decirle que le echamos de menos, que significa mucho en nuestra vida, es también un paso para crear ese hábito.

No vamos a salir a abrazar a todo dios, esa visión no existirá. Pero sí podemos hacer que nuestros hijos e hijas aprendan a abrazar, a demostrar afecto y también a recibirlo, algo que a veces es aún más difícil porque requiere “dejarse hacer” y no ser el fuerte.   

Autor entrada: Juan Scaliter

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