“Los permisos de maternidad no facilitan que las madres estén con sus hijos tanto como estos necesitan”

Adolfo Gómez Papí forma parte del Servicio de Pediatría del Hospital Joan XXIII de Tarragona y es miembro del Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría y del Grupo de Trabajo de Formación de la Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia (IHAN). De su experiencia profesional surge Piel con piel: los secretos de una crianza feliz (Temas de hoy), un libro en el que recorre la etapa más importante para el establecimiento del vínculo madre-hijo, la que va desde el embarazo hasta los primeros meses de vida del bebé. Una etapa llena de miedos, dudas y autoexigencias en la que no ayudan unos permisos de maternidad “insuficientes”.

Por Adrián Cordellat

Su libro se titula Piel con piel, que es una práctica cada vez más generalizada. ¿Por qué es tan importante ese piel con piel?

Piel con piel. El abrazo. La necesidad permanente de contacto entre madre e hijo. La importancia de ese contacto también entre padre e hijo. Porque de esta manera ambos padres se vinculan con su hijo lo que les permite cuidarlo de forma incondicional. Porque así su hijo se siente seguro y crece en un ambiente propicio para su mejor desarrollo físico y emocional.

Cuenta en el libro cómo empezaron a aplicar el método canguro en el hospital en el que trabajaba. Hablamos de 1994. Con todo lo que ha llovido desde entonces, ¿por qué cree que ha costado tanto la generalización del mismo estando comprobados como están sus beneficios?

Los avances científicos se propagan muy deprisa cuando son técnicos, cuando hay alguna empresa que obtiene beneficios con ellos, porque ella misma se encarga de su publicidad y hasta de la formación de los profesionales. Pero soy de la opinión de que hemos avanzado mucho con el método canguro, ya que hoy en día la mayoría de hospitales públicos de nuestro país facilitan que las madre (los padres) y sus hijos prematuros disfruten del contacto piel con piel mientras permanecen ingresados en sus UCIs.

“Qué espera mi hijo de mí”, titula uno de los capítulos del libro. ¿Cree que con los permisos de maternidad que hay hoy en día las madres pueden dar a sus hijos lo que éstos esperan de ellas?

Nuestros insuficientes permisos de maternidad no facilitan que las madres estén con sus hijos tanto como estos necesitan. Está claro. Aunque si los padres conocen lo que espera su hijo de ellos, intentarán utilizar la mayoría del tiempo que no trabajan para que su hijo se recupere de su ausencia y disfrute de su contacto.

“Ahora sabemos con certeza que crecer en un ambiente de estrés, en un ambiente inseguro, tiene consecuencias en la formación del cerebro del niño”

Se lo preguntaba porque con la aprobación de los nuevos permisos iguales e intransferibles, a veces pienso que nos olvidamos de una parte importante, quizás la más importante de la ecuación: el bebé. ¿Qué un bebé pudiera disfrutar más tiempo de sus padres, con permisos que a estos les permitiesen cuidar de su pequeño con calma, fomentaría el apego seguro?

Creo que no se han tenido en cuenta las necesidades de los bebés. Es un avance que se amplíen los permisos, pero si el de maternidad sigue estancado en las famosas 16 semanas, poco hemos ganado. A mi modo de ver esa no es la manera de fomentar la igualdad, porque el papel de la madre, sobre todo durante el primer año, es básico. Me hubiera parecido más lógico lo que han hecho y que no se pudiera transferir de madre al padre, pero sí al revés.

¿Qué importancia tiene ese apego seguro para los bebés de hoy que serán los adultos del mañana?

El 75% del cerebro de nuestros hijos se va a desarrollar durante sus 3 primeros años, pero básicamente durante el primero de ellos. Si crece en un ambiente en el que se siente seguro, es decir, si crece en contacto frecuente con su madre que va a responder con sensibilidad a sus necesidades, apenas experimentará situaciones de estrés. Sabemos que las hormonas del estrés acaban disminuyendo el riego sanguíneo el cerebro, de un cerebro en constante formación. Sin embargo, en un estado en el que se siente bien, en el que se siente seguro, predominan las hormonas del crecimiento. Y ahora sabemos con certeza que crecer en un ambiente de estrés, en un ambiente inseguro, tiene consecuencias en la formación del cerebro del niño. Los niños que desarrollan una relación de apego seguro con sus madres, solo se sienten seguros con ellas; los que desarrollan un relación de apego inseguro, no se sienten seguros…. ni siquiera con sus madres.

El mito de la buena/mala madre

En la introducción habla del mito de la buena/mala madre y del sentimiento de culpabilidad que acompaña a todas las madres, del que parece que hagan lo que hagan es imposible escapar, porque siempre habrá alguien que las juzgará negativamente. ¿Por qué existe esa presión sobre las madres?

Por un lado, porque todo el mundo opina sobre la crianza de los hijos… de los demás. Opinan sin que nadie les pida opinión, y solo bajo su experiencia personal. Pero luego está la terrible autoexigencia de las mujeres actuales. Han de ser atractivas, cariñosas, buenas amantes, excelentes profesionales, buenas compañeras y las mejores madres. Durante el embarazo se han ido centrando en su papel de madres, pero es desde que nace su hijo cuando les invade una tremenda responsabilidad. Sufren mucho ante cualquier señal desconocida de su hijo, ante cualquier duda, ante sus propios sentimientos, ante las opiniones de los demás….

¿Cree que la polarización que se ha creado en el mundo de la crianza (lactancia materna vs bibierón; colecho vs Estivill; purés vs BLW) contribuye de alguna forma a ese sentimiento de mala madre, de culpa permanente?

Me temo que es un sentimiento independiente de esos factores. Pero como las dualidades que comentas tienen la vertiente “de toda la vida” frente a la actual, el entorno de la madre criticará la actual y defenderá la “tradicional” (ignorando que está solo tiene unos 100 años de antigüedad).

Dedica mucho espacio a ese mito en el libro, centrándose en dudas, miedos e inseguridades habituales de las madres. ¿Pasaría ser buena madre (y buen padre) por aceptar la imperfección y ser menos autoexigente con una misma?

En mi trabajo diario me encuentro con muchas madres que temen hacerlo mal. Diría que son la mayoría. Lo primero que necesitan las madres es que los profesionales (y su pareja, familia y amigos) las alabemos, que les transmitamos lo bien que lo están haciendo. Porque siempre hacen muchas cosas bien. Pero, sin duda, hay que huir de etiquetas. Y no buscar la perfección. Sobe todo, porque la mayoría de madres son realmente unas madres suficientemente buenas para sus hijos.

“Una de las funciones del padre es proteger la estrecha relación madre-hijo, hacer de escudo frente a tantas opiniones, a tantas visitas, a demasiadas injerencias, ayudar con la intendencia de la casa…”

Y hablemos del padre. Dices en el libro que has visto cómo ha evolucionado la figura paterna, cada vez más implicada en la crianza. ¿Qué papel podemos jugar los padres en los primeros meses de vida del bebé? Lo pregunto porque si la madre opta por la lactancia materna, da la sensación de que muchos padres se sienten fuera, como si (equivocadamente, creo) no tuvieran nada que hacer…

Tampoco nos quedamos embarazados. No podemos amamantar. Nuestro cerebro emocional no se ha preparado para el cuidado de nuestros hijos, como lo hace en el caso de la madre. Pero no somos meros espectadores. Se habla mucho del binomio madre-hijo, un relación tan estrecha e intensa que se ha de proteger. Esa es una de las funciones del padre, hacer de escudo frente a tantas opiniones, a muchas visitas, a demasiadas injerencias, ayudar con la intendencia de la casa… Está claro que durante el amamantamiento madre e hijo viven una relación muy íntima que nosotros no podemos disfrutar. Pero sí mientras jugamos con nuestros hijos, mientras los bañamos, o les cambiamos de ropa, mientras hacemos el piel con piel, cuando dormimos con ellos…

Y para terminar, ¿Por qué es importante que los padres nos impliquemos en la crianza, los cuidados y la educación de nuestros hijos?

Porque nuestros hijos establecerán una relación de apego con su madre, que se construye básicamente durante el primer año, pero también con nosotros. La que establece con el padre empieza poco a poco y se hace preponderante a partir de los 2 años. Y si es básico que establezca una relación de apego seguro con su madre, también es muy importante que lo sea la del padre. Si se siente seguro con su padre, también confiará en él ya desde bien pequeño.

Autor entrada: Adrián Cordellat

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