Historias de crianza: ¡Dios! ¡O me das más brazos o más paciencia! por Cachito a cachito

No me sorprenden las familias numerosas, tengo antecedentes de ellas desde que llegué a este mundo.
Mi madre y padre, ambos tienen siete hermanos, yo tengo dos hermanos.
Cuando decidimos ser padres teníamos claro que nos gustaría al menos tener dos hijos, uno nos sabía a poco, pero tres ya era multitud, así que dos era el número ideal, además queríamos que no se llevarán mucha diferencia de edad, un año y medio o dos años nos parecía buena idea.
Ingenuos nosotros y nuestros planes, ahhh la vida, es lo que tiene.
Mientras estaba recostada en la mesa de exploración y la ginecóloga paseaba el transductor del ecógrafo sobre mi útero, apareció por fin ese primer circulito, ahí estaba, el segundo.
Deje de mirar la pantalla unos instantes mientras ella seguía haciendo un recorrido para revisar que todo fuera bien… la cara de mi marido fue la que me hizo girar nuevamente a la

pantalla.

¡Dos!, un segundo saquito hacía su aparición y no, no era el mismo visto del otro lado, eran DOS.

Lo primero que me dijo mi marido al salir del consultorio tampoco lo olvidaré… “Tenemos que comprar otro coche”.
Y así con ese romanticismo y shock emprendimos la aventura de la familia numerosa.
No voy a hacerles el cuento largo de lo difícil o agotador que ha sido hasta ahora con un niño de 5 años y mellizos de 3. No es mi intención asustar a nadie, ni tampoco convencer a nadie sobre si tener o no más hijos.
Lo que quiero es compartir el pensamiento que me acompaña prácticamente todos los días, hay algunos que se disfraza de agobio y otros se cubre de gloria.
“¡Dios! Me falta”
Me faltan manos para evitar que ese vaso con leche no caiga, para evitar que decoren con rotulador la pared y para curar esa pupa en la rodilla.
Me faltan ojos que apunten en todas direcciones, porque se les da fatal a mis hijos correr en la misma dirección, por lo que sea les va a cada uno elegir su camino.
Me faltan piernas para salir corriendo muchas veces, pero dejando un par en casa porque no soy de las que abandona por muy difícil que sea.
Me faltan brazos para cubrir a cada uno cuando buscan ese rato de “mamá solo para mí” que suelen coincidir mínimo dos y ninguno está dispuesto a perder su protagonismo.
Me faltan neuronas, hay días agotadores que confundo nombres y no, no me pregunten cuánto pesó cada uno en su última visita al pediatra y menos aun su percentil.
Me falta paciencia tantas veces, la busco debajo de las piedras o tomando aire a bocanadas en la terraza de casa.
Me falta tiempo, ese es el que más duele.
De verdad que no quiero asustar a nadie, pero quien desea tener más hijos creo que es lo primero que debe tomar en cuenta.
El amor se divide, alcanza para todos, ese es infinito, pero cuerpo solo tengo uno, un par de brazos, ojos, oídos y piernas y el tiempo, ese maldito tiempo no me da tregua.
Si eres consciente de que hay límites, de aceptar que no se puede llegar a todo, te será más fácil.
Si entiendes que muchas veces habrá que priorizar momentos durante la crianza, vas por buen camino.
Tendrás que elegir entre ese paso de baile que uno de ellos se muere por mostrarte, porque tendrás que poner tu atención en la brecha que se ha hecho otro en la cabeza intentando imitar a Spiderman.
Entender que probablemente al elegir te habrás perdido es maravilloso paso de baile y que tal vez nunca volverá.

Que cuando quieras celebrar durante horas el primer pipí en el orinal y hacer juntos un baile de la victoria, tendrás que salir corriendo porque el tercero ha decidido que es más interesante el mundo si se ve sobre la mesa del comedor.
El baile de la victoria tendrá que esperar al segundo pipí.
Si descubres que el tiempo de calidad también se encuentra en la rutina, durante las duchas, mientras se prepara la cena o pones una lavadora, sentados en la mesa y a la hora del cuento.
Muchos te dirán que con tres hijos te sobra experiencia, ojalá fuera así.
Es verdad que ya no sales corriendo a urgencias cuando el segundo tiene 37.9ºC de temperatura y con el tercero ni con 38.5C te asustas, todo tranquilo.
Por lo demás la experiencia solo te sirve de bastón para seguir andando, pero no te evita de caer.
Son tres historias, tres personas, tres necesidades que quieren ser cubiertas, tres reclamos de amor y atención personalizada.
No, no me sobra experiencia, pero ya que hablamos de lo que me falta, te diré lo que sí me sobra.
Me sobran besos, esos no tienen fecha de caducidad, se reparten de noche y de día; los encontramos durante los juegos y en los momentos de sueño.
Me sobran risas, tres hijos y una madre despistada da para muchas anécdotas. Además de sus múltiples ocurrencias individuales y en equipo.
Me sobra fuerza, porque aunque no puedo con todo, he descubierto que no me rindo, que puedo pedir tregua para retomar energías y sigo aquí, sigo por ellos, con ellos.
Desde que soy madre vivo con esta frase: “soy más fuerte de lo que pensaba, más inteligente de lo que me dijeron, más libre de lo que me permitieron y más feliz de lo que pensaron”.
He aprendido a conocer mis límites, pero también a reconocer mis logros.
Me sobra amor, jamás me imaginé amar tanto y a tantos. Amarlos por igual y por lo que es cada uno, enamorarme a primera vista tres veces, dar la vida si tuviera que hacerlo tres veces.
Cuando reclamo al cielo por más brazos o más paciencia, cuando no puedo más, llega corriendo un pequeño de cinco años para decirme:
“Mami ¿te digo una cosa?, eres la mejor mamá del mundo, porque nos haces reír” y otras dos voces le acompañan en coro “¡Sí, mami divertida!”.
Vale Dios, no me mandes más brazos, ya me apañaré con los que la naturaleza bien tuvo a darme, la paciencia la seguiré cultivando, que al final uno cosecha lo que siembra, pero esto te lo pido más que nada en el mundo, dame tiempo, dame años de disfrutar de mis tres regalos, permíteme acompañarlos.
Al final del día esta casa parece haber sido arrasada por el tornado que se llevó a Dorothy al mundo de Oz, pero viendo dormir a mi dulce espantapájaros, a mi amoroso hombre de hojalata y a mi valiente león, sé que vivo la más bella locura.

Si quieres mandarnos tu historia de crianza, de maternidad o paternidad, puedes hacerlo a info@madresfera.com. Queremos conocer la crianza de hoy en día y todas sus realidades, ¡cuéntanos la tuya!

Lee las  historias de crianza anteriores.

Autor entrada: Mónica

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1 thought on “Historias de crianza: ¡Dios! ¡O me das más brazos o más paciencia! por Cachito a cachito

    Nuria

    (23 octubre, 2019 -8:03 am)

    Gran verdad! Faltan manos pero nos sobran tantas otras cosas! Viva esas familias múltiples que hacemos cambalaches para intentar llegar a todo!

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