El «síndrome postvacacional» no existe. Y en los niños tampoco.

Irritabilidad, tristeza, cansancio, apatía, etc… Estos son algunos  de los síntomas que cada año escuchamos como el mal de la vuelta a trabajar, o del regreso de las vacaciones. Y no solo en adultos, sino cada vez más, afectando a nuestros niños y su vuelta al cole. Los medios nos alertan de este síndrome, y las marcas acuden raudas a vendernos soluciones y servicios para ponerle remedio.

Apps, zumos, servicios profesionales, ejercicios… Este año nos encontramos una oferta mayor para solucionar este famoso síndrome en nosotros y en nuestros hijos. Pero, ojo, antes de tomar medidas, ¿realmente nos encontramos ante un problema por el que debemos preocuparnos e incluso llegar a tratar?

Sobre si existe síndrome o no a nivel mental, el psicólogo Alberto Soler nos lo aclara de manera contundente: «El síndrome postvacacional NO EXISTE. Es la obsesión que tenemos por etiquetar y patologizar hasta el último aspecto de la vida. No querer volver al trabajo, no querer ir al cole, no querer madrugar ni hacer fichas no es una enfermedad ni un trastorno. Es la vida mismaNo es un término clínico sino periodístico. Vivimos en una sociedad que está obsesionada con etiquetarlo todo, y con una tendencia alarmante a poner diagnósticos pseudoclínicos a conductas normales. La depresión postvacacional no es otra cosa que el “bajón” que te da al volver al trabajo después de habértelo pasado bien en vacaciones. Vamos, algo totalmente normal, a lo que no hace falta ponerle etiquetas patológicas.

«No querer volver al trabajo, no querer ir al cole, no querer madrugar ni hacer fichas no es una enfermedad ni un trastorno» Alberto Soler

Y físicamente, ¿existe algún síntoma que podamos identificar como propio de este síndrome? Gonzalo Oñoro, pediatra y creador junto a Elena Blanco de Dos pediatras en casa, nos contesta: «El (mal) llamado «Síndrome Postvacacional» no es más que la descripción de algo que a muchos niños, o adultos, les pasa al volver de vacaciones. Sin embargo, esto no debe confundirse con una enfermedad que deba ser tratada ni siquiera que tenga que ser investigada por si al niño «le pasa algo». Como decía, es normal que un niño esté cansado al acabar el verano y cambie de rutinas en cuanto a horas de descanso, exigencia física, tipo de alimentación. Lo que si es importante es tranquilizar a los padres y hacerles entender que lo que les pasa a sus hijos normal y que en un par de semanas todo habrá vuelto a la normalidad».

Y entonces, ¿qué hacemos al llegar esta época para hacer más fácil y llevadero este inicio de temporada?

«En cuanto a los niños lo mejor que podemos hacer es evitar trasladarles esta etiqueta de “depresión posyvacacional”, opina el psicólogo Alberto Soler. «Es verdad que han disfrutado de una época más relajada en cuanto a horarios, rutinas, etc. (lo que debe ser, vamos), por lo que lo ideal sería ir acercándonos poco a poco a los horarios que tendrán cuando empiecen el cole. Con unos días será suficiente, no vamos a quitarles dos semanas de vacaciones para que la vuelta sea más “progresiva”. Además, hacer que se impliquen en los preparativos para la vuelta al cole (forrar libros, ordenar habitación, preparar mochila, elegir extra escolares, etc.) también es positivo.

Rutinas, rutinas, y paciencia

«Las personas, y los niños más aún, somos animales animales de costumbres. Nos gusta que nuestro día a día siga un orden al que nuestro cuerpo cuerpo se acopla como una plantilla perfecta», añade Gonzalo Oñoro. «Por ello, no queda otra que tener paciencia ya que es más probable que en una o dos semanas los padres estén preocupados por las fiebres y los mocos de sus hijos y hayan dejado de lado las consecuencias del mal llamado «Síndrome Postvacacional». 

«De todas formas este “bajón postvacacional” lo tienen más los mayores que los niños, éstos en muchas ocasiones están encantados de volver al cole, ver a sus amigos, volver a practicar las actividades que les gustan, así como recobrar cierta rutina “de invierno”, apunta Soler. «Cada época tiene sus cosas buenas y ellos son capaces de verlo».

Pero oye, ¿y si de verdad le pasa algo? ¿Y si ese cansancio significa algo más?

Como bien nos dicen Dos pediatras en casa en su post El cansancio de los niños al final del verano, el cansancio no es una enfermedad. PERO, «las enfermedades que cuentan con el cansancio entre sus síntomas presentan además otras manifestaciones clínicas. Por eso, la historia clínica y la exploración física de estos niños es fundamental para comprobar que no se acompaña de otros síntomas como perdida de peso, mala coloración de piel o fiebre, los cuales apuntarían a otro tipo de enfermedades. Lo que tienes que tener claro es que si te preocupa la situación de tu hijo porque no le notas “bien” debes acudir a tu pediatra para que pueda comprobar si hay algo más detrás esa percepción tuya».

Dormir todas las horas necesarias, recuperar los hábitos poco a poco, y una buena alimentación combinados con tiempo para jugar y disfrutar, recordamos, son clave para afrontar una etapa más que, pese a lo que pueda parecer, puede ser igual de fascinante para ellos y también para nosotros.

Autor entrada: Mónica

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