“El cuidado de los bebés tiene muy pocas cosas de verdadera evidencia y muchas de estilo de vida”

El pediatra José María Lloreda se dio a conocer por su blog Mi reino por un caballo, donde muestra un espíritu crítico que no se casa con nadie y un sentido del humor y una ironía que ya son marca de la casa. Ahora presenta Lo que nadie te contó sobre la maternidad, el parto y la lactancia (Arcopress), un libro lleno de curiosidades y de referencias históricas con el que pretende demostrar que las certezas que damos por válidas hoy pueden ser vistas en unos años como auténticas barbaridades. Y es que al final, como él mismo afirma, la evidencia científica no deja de estar influenciada por el entorno cultural: “los principales creadores de los nuevos mitos somos los profesionales de la salud, que aceptamos estudios sesgados o exageramos los que son malos en su diseño”.

Por Adrián Cordellat

Lo que nadie te contó sobre la maternidad, el parto y la lactancia es un libro rebosante de humor. Basta con ver el título de muchos de los capítulos. En un contexto como el actual, en el que la maternidad parece una guerra de clanes entre partidarios de uno y otro estilo de crianza, ¿crees que hace falta un poco de humor, relativizar las cosas?

Desde luego. El sentido del humor es algo poco común y denota cierta filosofía para afrontar los múltiples aspectos de la vida. La ironía, además, depende de la inteligencia del que escucha, y por desgracia escasea bastante. La ironía, digo. Se vive todo lo relacionado con los niños como una guerra entre posturas opuestas, en las que se arrojan argumentos para convencer “al otro” de que no lo está haciendo bien, lo que denota un activismo para reforzar la postura de cada grupo, básicamente. En general, en el recorrido histórico del libro, a modo de ejemplos, se ven cosas que antes también eran medicina, o la corriente más seguida, y que ahora son ridículas. El cuidado de los bebés tiene muy pocas cosas de verdadera evidencia y sí muchas de estilo de vida. Hay tantos diferentes que cada familia debe encontrar el que le parezca mejor. A eso nos referimos con la famosa frase de “usa el sentido común”, que viene a significar “haz lo que te dé la gana”.

Como especialista en pediatría y por tu trabajo en cuidados intensivos habrás visto y escuchado de todo. ¿Hasta qué punto muchas de las cosas de las que hablas en el libro parten de tu experiencia diaria con padres y madres recientes?

Muchas de ellas parten de ahí, de los dogmatismos que los pediatras y otros profesionales volcamos sobre los padres y que, en muchos casos, en unos años estarán desfasados. Nos preguntan cosas sobre crianza, cuando la mayoría de nosotros no hemos estudiado eso, pero todo el mundo opinamos. El problema es no saber que vamos de error en error aunque a veces también haya algún acierto. Se sabe muy poco de la mayoría de las cosas que se afirman como certezas. En el libro hay múltiples ejemplos históricos de cosas que estaban demostradas y ahora son increíbles. Hay una tendencia a creer en lo último, en lo nuevo, y no tiene por qué ser lo mejor para cada familia concreta. Incluso en la definición de las enfermedades y sus tratamientos hay modas, y lo que la ciencia dice que ha demostrado, al poco, no lo era tanto. El problema es que se cree siempre que es algo del pasado, no aprendemos.

Como dices en el libro, el cuidado de los niños está muy influenciado por la cultura de la sociedad en la que vivimos, de forma que en cada cultura se generan unos mitos, verdades casi incuestionables, que, en la mayoría de los casos, no tienen evidencia científica que los respalde. Por tu experiencia, ¿cuáles son los mitos más generalizados y habituales?

Hay muchísimos y, probablemente, yo también contribuyo a muchos de ellos. Con el tiempo uno se da cuenta, años después, de lo cambiante que es todo. Ahora es muy frecuente creer que los prematuros de 35-36 semanas solo tienen que “engordar” o creer que todas las defensas del bebé pasan por la leche materna (tengo varios padres que no quieren vacunar porque dan leche materna), cuando en realidad la carga inmunológica fundamental pasa por la placenta y desaparece en unos meses; o creer que si el bebé no mama desde el minuto uno no va a suceder la subida de la leche (cuando la subida depende de la caída de las hormonas placentarias). Los principales creadores de los nuevos mitos somos los profesionales, que aceptamos estudios sesgados o exageramos los que son malos en su diseño, ya que la “evidencia científica” también está influenciada por el entorno cultural.

“En el libro hay múltiples ejemplos históricos de cosas que estaban demostradas y ahora son increíbles. Hay una tendencia a creer en lo último, en lo nuevo, y no tiene por qué ser lo mejor para cada familia concreta”

“Hay por ahí un anuncio de televisión que dice que los ladrones buscan casas sin alarmas. Y luego te venden la alarma”, escribes en el libro antes de afirmar que con la maternidad pasa lo mismo. ¿Se nos ha ido de las manos el exceso de celo por la salud de nuestros hijos con la llegada de las apps móviles?

Hay un inmenso negocio con la salud y la crianza de los niños. Hace 100 años criar un bebé, en peores condiciones (higiénicas, ambientales, de salud, económicas, etc), costaba menos que ahora. Se vende una sensación de salud frágil, de necesitar medirlo todo, de peligros inminentes, que constantemente un experto nos diga que todo está bien, que lo hacemos bien. Tal es el caso de la leche artificial, que parece que es veneno, y en algunas ocasiones que un bebé la necesita médicamente los padres se niegan porque creer que enfermará a su bebé. Somos nosotros los culpables también de eso. Esto choca con ser, en el primer mundo, la generación con mayor nivel de salud y esperanza de vida. En todos los ámbitos se abre un nicho del que sacar dinero. Desde el consejo a los padres (por diferentes personas que aconsejan ahora a la madre y al padre en todo lo relacionado con el parto y la lactancia), hasta la forma de llevar al bebé (muchas páginas de maternidad son escaparates para vender productos a las madres), pasando por los aparatos para controlar a los bebés (sabiendo que están desaconsejados y que ninguno ha demostrado utilidad). El grado extremo es, por ejemplo, el creciente tráfico de leche materna por internet, como elixir de juventud, aumento de masa muscular o cura del cáncer (la lista crece cada 10 minutos).

Me hizo mucha gracia el capítulo de los gases. ¡He escuchado tantas veces que lo que le pasa al niño es que tiene gases! ¿Por qué le echamos la culpa de todo a los gases?

Es un fetiche, un lugar común autoexplicativo que hace que se aumente la seguridad en lo que se hace. Si dices que el bebé de dos días llora por eso, parece que la gente lo sabe, es algo que ya ha oído y queda conforme. Es más difícil afrontar que, al menos en los primeros días, es una mentira bastante grande. Pero aún no hay dientes a los que pasarle la responsabilidad de cualquier cosa que tenga el bebé, por desgracia.

Algo similar pasa con la lactancia materna. Si el niño duerme mal es por el pecho. Si solo quiere estar con su madre es por el pecho. Y así hasta el infinito, sobre todo cuando los niños sobrepasan determinada edad y siguen tomando lactancia materna. ¿Por qué esta fijación con la lactancia como responsable de todos los males de la humanidad?

La lactancia materna es un hecho cultural, aunque ahora se esté mistificando hasta hacerla una experiencia mágica. Antes, muchas de la que podían permitírselo, contrataban a otras mujeres para que lo hicieran por ellas (nodrizas). Las madres deben decidir si darla o no, y deben poder elegir hacerlo. El problema es que la elección es falsa: se supone que si se le explican las ventajas deberían decir que sí. Y ahí empieza el primer peldaño de ser o no una buena madre, que se dice poco, pero es el fondo de la cuestión. Muchas de las cosas que se repiten en todas las guías no son ciertas, son exageraciones . Y al revés, si una madre da el pecho más de lo que socialmente es frecuente, se la ve rara. En ningún caso, nadie dice que cada madre haga lo que le dé la gana, y que decida lo que, en sus circunstancias, sea mejor para el bebé, y también para ella. Decidimos siempre por los demás. La mayoría de los determinantes de la salud en el futuro de los niños se deben al ambiente en el que viven, como el acceso a la educación o a la sanidad dónde viven o el nivel de pobreza de su familia. Pero a nosotros nos gusta pelearnos por el nuevo paradigma de la maternidad perfecta, que siempre se opone a otras (cada cual se mete en el grupo que cree y siempre tendrá un grupo enfrente).

“Hace unos años la medicina apostaba por la leche artificial y también era medicina. Ahora estamos en la exaltación de la lactancia materna a toda costa”

Sobre la lactancia, por cierto, tienes un capítulo titulado La lactancia materna es mala (dicen los médicos). ¿Crees que falta mucha formación en lactancia materna entre los profesionales sanitarios encargados de atender a las madres?

Falta muchas información en los profesionales y falta mucho respeto a las madres. Estamos, como en muchas épocas, asistiendo a un movimiento pendular en las creencias sobre determinadas cosas. Hace unos años la medicina apostaba por la leche artificial y también era medicina. Ahora estamos en la exaltación de la lactancia materna a toda costa, no como un medio, sino como un fin en sí mismo. De hecho, a mí me han criticado por hablar de estos temas siendo hombre, se asocia a una cosa mágica inexplicable que se llama instinto, el primer paso de la escala animal y que viene a decir que la mujer no tiene ni debe pensar, solo sentir. Y por otro lado, pese a venderse que es instintiva, cada vez se necesitan más personas para enseñarte a hacer algo que se supone (para mí no), que es instintivo. No tiene sentido. En algunas guías de los hospitales españoles se dice que hay que respetar si una madre quiere biberón tras informarle de las ventajas, pero que solo se le dé si lo pide de forma “vehemente”. No sé cómo se respeta a una adulta a la que se infantiliza y se le niega esa opción si no la lía para que le den lo que ha elegido. Se supone que somos adultos.
También falta mucha autocrítica porque criticar lo más mínimo es un anatema. Muchas de las afirmaciones que se hacen sobre la leche materna, son directamente falsas, y eso va en contra de ella, no hace falta inventarse cosas para defenderla, lo hace ella sola. Desde la confusión del pezón (que la propia OMS reconoce que no tiene pruebas de que exista, pero sigue recomendando prohibir las tetinas) a sacar del foco los estudios donde no se encuentra que la leche materna haga a los niños más listos, o les prevenga de la obesidad. Lo ponen en todos sitios, pero las pruebas son muy débiles. Y esas cosas, la debilidad de muchos argumentos, al hacer el resumen del resumen, se pierden, y la mayoría de la gente cree que son verdades irrefutables.
Y no tengo conflictos de interés, que conste. Mis hijos tomaron teta de hasta los 4 años y nunca han probado una fórmula, por si interesa saberlo.

Sobre las madres, precisamente, escribes: “Lo que se exige a una madre (después de dar a luz) es que tenga alegría y salga como en los anuncios de colonia de la tele, recuperar la línea y desprenderse de esos kilos de más”. ¿Crees que las imágenes de esas famosas que después de dar a luz lucen radiantes han calado en el imaginario colectivo hasta el punto de hacernos creer que eso es lo normal?

Desde luego. Se vende una imagen de la maternidad ideal, donde se mezcla el componente salvaje, animal, unido a la idea de que solo la madre puede cuidar a su bebé, pero que al mismo tiempo es independiente, sexualmente atractiva, y con éxito en la vida y en el trabajo. Mezcla todos los conceptos que ambos grupos de madres se arrojan unas a otras, por eso son tan atrayentes los anuncios, y tan difícil es conseguir llegar a esa imagen, porque esas personas, no existen.

“Si algo define lo que los humanos somos como especie, no es ni la lactancia, ni la crianza, ni nada de eso. Es, simplemente, nuestra capacidad para adaptarnos. Y hasta los bebés saben hacerlo”

Y por último, en ese mismo capítulo hablas superficialmente sobre el colecho y dices que lo habitual, a tu entender, es dormir con los niños, antes de añadir que “existe una controversia ficticia entre los procolecho y los estivileros”. En primer lugar, ¿Por qué crees que la controversia es ficticia? Y en segundo, ¿por qué consideras que ha calado tanto el discurso de la independencia de los niños desde bien pequeños, que tienen que aprender a dormir solos?

Yo creo que es ficticia porque cada familia debería hacer lo que le diese la gana a la hora de dormir con sus hijos, y no justificarse en modas ni en estudios que pueden estar sesgados (el mayor sesgo es hablar solo de los que te convienen, no de todos). Si queréis colecho, hacedlo. Si no queréis, no lo hagáis. Es un tema cultural y varía entre diferentes épocas y lugares. Yo tengo mi opinión, pero nunca me ha gustado decirle a nadie lo que tiene que hacer en su propia cama. No hay que convencer a nadie, hay que convencerse uno mismo, y no buscar convencer a otros para reforzar tu propia idea o identidad. Eso sí, los métodos con nombre de persona nunca me han parecido de fiar.
Respecto a la independencia de los niños, es un compendio de todo lo dicho. Queremos lo mejor, lo perfecto, ya no nos vale lo bueno si hay algo más, y en muchos cala la idea de que su vida tiene que seguir igual, que el bebé tiene que comportarse como un adulto, para poder seguir el mismo ritmo de vida que antes. Eso, separarte del bebé, es un paso para que pronto sea un emprendedor y con un año invierta en la Bolsa. Pero por suerte, no es así. Los bebés quieren contacto físico con humanos, cuanto más, mejor. Otras opciones simplemente obligan al bebé a aceptar la situación. Y si algo define lo que los humanos somos como especie, no es ni la lactancia, ni la crianza, ni nada de eso. Es, simplemente, nuestra capacidad para adaptarnos. Y hasta los bebés saben hacerlo.

Autor entrada: Adrián Cordellat

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

En cumplimiento de la legislación española vigente en materia de protección de datos de carácter personal y del reglamento europeo RGPD 679/2016 le informamos de:

Responsable: Madresfera SLU + info

Finalidad: Gestión del envío de información solicitada, gestión de suscripciones al blog y moderación de comentarios. + info

Legitimación:: Consentimiento expreso del interesado. + info

Destinatarios: No se cederán datos a terceros para la gestión de estos datos.

Derechos: Tiene derecho a Acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos, como se explica en la información adicional. + info

Información adicional:: Puede consultar la información adicional y detallada sobre Protección de Datos Personales en mi página web www.madresfera.com + info