Editorial de domingo: Feliz día, mamá

Photo by ALICIA CEJALVO

Empezaré diciendo que este día es en blanco y negro para mí.

Un día que, eso sí, cada año va adquiriendo más matices, que va cambiando. Como la vida misma, como mi propia maternidad, y mi visión de las cosas.

Porque no solo soy madre sino que lo celebro sin la mía. Igual que muchas otras personas.

Una madre a la que recuerdo CADA DIA, sin exagerar. A la única que he llamado cada día por teléfono sin tener nada que contar, solo para decir qué he comido y si estoy bien o no. Una madre con la que he tenido todos los enfrentamientos posibles. Con la que me he llevado mal y bien, regular y fatal, pero que siempre estaba ahí, siempre. Hasta que dejó de estar. Una mujer que me marcó tanto que todo lo que hago me recuerda a ella y que, por desgracia, entiendo mucho mejor ahora que cuando ella estaba a mi lado (o yo al suyo).

No me gusta mucho este día porque me obliga a pensar en ello, a pensarlo más aún. A celebrarlo, incluso. Y sí, es verdad que ahora celebro mi propia maternidad. Pero también os digo que mucha falta no me hace. El típico tópico ese de que lo celebro cada día es bastante acertado aquí. Y aún así disfruto con los dibujos rudimentarios (cada vez más barrocos, eso sí) por este día. Y los guardo con la ilusión de encontrarlos dentro de muchos años cuando haga limpieza de trastos, para volver a emocionarme y pensar lo rápido que ha pasado el tiempo. Y recuerdo los que yo hice en mi momento, y me gusta pensar que ellos lo hacen con la misma ilusión. Y que, igual que me pasó a mí, ven en su madre esa figura que está siempre pendiente de ellos, pase lo que pase. La que se encargaba de todo para que tuviéramos el camino puesto y solo tuviéramos que andar por él. Una sensación de seguridad, de que pasara lo que pasara, ella estaría ahí para recogernos. Una mirada la que recuerdo semi-mística, esa hacia mi madre, que mezclaba devoción, con miedo, con respeto, con inocencia, con inseguridades, con inexperiencia. Y que al ir creciendo e ir madurando se va tornando en una mirada más áspera, más real, más llena de cicatrices, las suyas sobre todo, y más cercana a su propia realidad.

Una realidad que poco o nada tiene que ver con la ideal. Y en la que salen a la luz las pérdidas, las elecciones y los sacrificios. Y la generosidad. Y también el rencor hacia lo que no fue.

Y conoces a tu madre en la madurez.
Y la quieres más aún.

Y de repente, me veo a mí misma en ese lugar lleno de incertidumbres, con lo que nos gustan las certezas para sentirnos a salvo.

Y me cuesta acomodarme dentro de un solo lugar. Algo que socialmente es bastante más claro, y que quizás los ojos de un niño también lo vean de otra forma. Pero que al vivirlo en primera persona se convierte en otro sitio distinto al que esperabas llegar. ¿Bonito? Sin duda. ¿Fácil? De ninguna manera. ¿Inesperado? También.

Y serán los años o las penas, pero cada vez me cuesta más ver la maternidad como algo concreto, cerrado y que te define como tal. No es un rasgo de tu personalidad, por mucho que ser madre parezca serlo. No te confiere superpoderes, más allá de superojeras. No te hace más feliz por sí misma (o al menos no a todo el mundo y de la misma manera). En ocasiones puede ser muy dolorosa, se tiene que vivir en solitario o sin recursos, y supone un sufrimiento porque no puedes llegar a lo que se espera de ti. No todas las mujeres la viven con alegría, ni se encuentran a sí mismas al tener a su bebé en brazos. No se sentían incompletas antes de tenerlo, ni han encontrado su lugar en el mundo al llegar ese ser nuevo a su vida. O ya nos los tienes. Pero no por eso dejan de ser madre, pese a lo que eso pueda doler, No todas las mujeres reaccionan de la misma manera a esta experiencia brutal, única, y que puede ser lo mejor de tu vida, o no.

Quizás, más allá de eslóganes y campañas, todos los #díasde deberían servir para reflexionar, para hacernos pensar. Para hacernos valorar lo que tenemos y cuidarlo. Para que como sociedad cuidemos la maternidad. Para que no la envolvamos en papel celofán y le otorguemos cualidades mágicas que convierten a las protagonistas en superheroínas que pueden con todo. Porque no es verdad. Porque más allá de cómo entienda cada una este milagrito que es traer gente al mundo, la vida no nos da a todos las mismas cartas con las que jugar. Y por mucho que te guste el juego, puede que no tengas ni un solo comodín para poder ganar esta partida.

Disfrutad este día, abrazad mucho a vuestra madre si tenéis la suerte de contar con ella, y no juzguemos a las mujeres por ser o dejar de ser lo que esperábamos que fueran en este viaje tan caótico pero tan alucinante que es la maternidad.

«La madre» de Ron Mueck

Autor entrada: Mónica

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2 thoughts on “Editorial de domingo: Feliz día, mamá

    yyoconestasbarbas

    (6 mayo, 2019 -7:13 am)

    Me imagino a muchas madres, madres «de las de antes», que habrían leído este texto, y que habrían aplaudido a rabiar al momento, a la vez que un instante después y tras un beso muy gordo, habrían dicho a la autora… -«Bueno… Muy bien, querida, pero vamos, deja ya de ponerte estupenda, y vamos, que hay que ponerse con las patatas…»- Y un segundo después, estaría sonriendo por dentro, en esa zona tan profunda e íntima que solamente cada uno debe permitirse conocer; esa sonrisa de orgullo bien llevado, que tú sabes, que te viene cuando sabes que las cosas te han salido bien… Y un segundo después vendría un pequeño bajón mental, por todas las cosas que alguna vez no salieron tan bien, da igual que no tuvieran nada que ver con esto … Y un segundo después habría aparcado esa sensación anterior, la buena, en un rinconcito, porque tendría que volver a poner todos sus sentidos en esas patatas que no piensan hacerse solas… Y la vida seguiría, y ese día sería uno más en la oficina. Uno, un poquito mejor, eso sí. De esos poquitos de los que a veces suelen merecer la pena.

      Mónica

      (6 mayo, 2019 -7:30 am)

      Gracias Sem, como siempre, por tus comentarios tan bonitos. ¿Te he dicho que tienes que escribir más?
      Un abrazo enorme

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