Reintroducir la infancia en la ciudad para hacerla un lugar mejor

 

Caperucita camina sola, una exposición itinerante sobre la reintroducción de la infancia en la ciudad, lleva casi una década haciéndonos reflexionar acerca del lugar que ocupan nuestros niños en las ciudades y por qué es importante que esto cambie.

 

Desde el año 2010 la exposición itinerante Caperucita camina sola: la reintroducción de la infancia en la ciudad, ideada y escrita por Marta Román Rivas, geógrafa y miembro de la empresa de consultoría ambiental y social Gea21, e ilustrada por Pablo Delcán, para el Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM), pretende poner el foco de atención en los problemas derivados de la desaparición de la infancia de nuestras ciudades, insistiendo en la necesidad de que los niños recuperen la autonomía perdida y su derecho al juego libre en el medio urbano.

La exposición, formada por diversos paneles y vídeos que el CENEAM cede libremente a aquellos organismos o entidades que la soliciten, utiliza como hilo conductor las dificultades que encuentra Caperucita para moverse por la ciudad. Y lo hace con una maravillosa versión reinterpretada del cuento. También se reflejan algunas iniciativas que buscan encontrar soluciones a esta problemática como es el caso de la puesta en marcha en Pontevedra, una ciudad que lleva 15 años trabajando para devolver el protagonismo al peatón en detrimento del tráfico; o la creación de caminos escolares seguros que se han desarrollado en los últimos años en pequeños pueblos y ciudades.

 

 

Una ciudad buena para todos

Caperucita camina sola invita, cuanto menos, a la reflexión. Más aún si nos paramos y echamos un vistazo a nuestras calles, a nuestras plazas. Es entonces cuando vemos que actualmente la infancia apenas tiene presencia en la ciudad. Al menos no más allá de espacios específicos como pueden ser los parques con vallas y suelo de caucho o los locales con eso que llaman “actividades de ocio infantil”; más cercanos ambos a ser contenedores de niños que espacios integrados en el área urbana para el disfrute de sus ciudadanos. Son los primeros espacios controlados, a los que seguirán otros en función de cada etapa de la vida.

Atrás quedan las imágenes de nuestra propia infancia, aquella en la que el tráfico y los edificios no habían fagocitado aún la espontaneidad de nuestro juego. Tampoco había la misma sensación de inseguridad ni falsa autonomía. Mucho ha escrito sobre esto Francesco Tonucci, psicopedagogo de referencia internacional y gran activista de la protección de la infancia, quien no duda en alertar acerca del coste físico y emocional que tiene para los niños el hecho de no poder salir de casa sin un adulto, pero también de lo mucho que perdemos como sociedad cuando la infancia desaparece de las calles. “Una ciudad adecuada para niños y niñas es una ciudad que es buena para todos”, dice Tonucci en La città dei bambini.

Atrás quedan las imágenes de nuestra propia infancia, aquella en la que el tráfico y los edificios no habían fagocitado aún la espontaneidad de nuestro juego.

¿Y cómo es una ciudad adecuada? Según dejan claro en la exposición es aquella que arquitectónicamente permite la libertad de movimiento de los niños, pero también es aquella en la que los adultos nos convertimos en cuidadores: “La crianza es un asunto colectivo pero nuestra sociedad, pretendidamente autosuficiente, lo ha olvidado. Para que niños y niñas crezcan sanos, en el amplio sentido de la palabra, hace falta corresponsabilidad social en su cuidado, apoyos y referencias más allá de la familia y de la escuela”.

Influye también cómo, bajo la premisa de querer ofrecer una mayor seguridad, se han ido modificando las ciudades en detrimento del derecho al juego en el espacio urbano, en el espacio público. Es por esto que muchas ciudades se plantean redefinir sus espacios teniendo en cuenta las voces de todos, incluidos los niños. Lo vimos el pasado mes de septiembre en el IV Congreso Internacional Ciudades Amigas de la Infancia, una iniciativa liderada por Unicef en más de 50 países, para premiar a las ciudades y municipios que buscan mejorar el bienestar de los niños haciendo de las ciudades entornos más habitables y, para ello, “promocionan la participación de los niños, niñas y adolescentes en todos los temas que les afectan, y fomentan el trabajo en red entre los distintos municipios que forman parte de esta iniciativa”.

 

 

Pérdida de autonomía infantil

La pérdida de autonomía de los niños se refleja en los paneles de la exposición en forma de cifras; unas cifras que dibujan una España en la que el 70% de los niños y niñas de primaria no van nunca solos al colegio. “La autonomía infantil se ha recortado drásticamente en la mayor parte de ciudades occidentales. En los años ‘70, el 80% de los niños de ocho años iban solos al colegio y, en los ‘90, sólo se lo permitían ya al 8%”, explican.

Y todo pese a la seguridad de las ciudades españolas. “Las tasas de delincuencia de España están muy por debajo de las que presentan Reino Unido, Alemania, Francia e, incluso, Suecia. No obstante, la percepción de inseguridad es elevada y cualquier problema, sobre todo referente a la infancia, se magnifica a través de los medios de comunicación. Los niños y las niñas son víctimas de este clima injustificado de “alto riesgo” que supone un motivo más para echar la llave y extremar la vigilancia sobre ellos”, se lee.

Aclaran en los materiales que a menudo tendemos a confundir los conceptos de peligro y riesgo, culpabilizando a las víctimas: “En un espacio con tráfico, los niños están en una situación de riesgo porque no se pueden enfrentar a máquinas de una tonelada que circulan velozmente. El peligro, por lo tanto, procede de los automóviles y no de los menores que corren tras una pelota”. Tampoco confiamos en los niños, no les permitimos que se equivoquen, que se caigan, que cometan errores, y hacerlo es la única forma que, dicen, “les permite ir creciendo y aprendiendo a conocer sus límites y adquieran seguridad en sí mismos”.

¿La solución? Desde el CENEAM plantean volver a “habitar” las ciudades, hacerlas habitables, disfrutar de esa vida de barrio en la que no somos desconocidos, en la que sabes quién es tu vecino de abajo, devolver la confianza en su capacidad de hacer a los niños. Devolver a la infancia las calles porque “la presencia de niñas y niños en las aceras contribuye a dar vida y a incrementar la seguridad colectiva”. Y así, ganamos todos. Los niños, por supuesto. Pero nosotros, los adultos, también.

 

Autor entrada: Diana Oliver

2 thoughts on “Reintroducir la infancia en la ciudad para hacerla un lugar mejor

    SONIA

    (1 junio, 2018 -8:08 am)

    Totalmente conectado con esto la campaña que estamos moviendo por Madrid para lograr que los presupuestos participativos dediquen una partida a introducir de nuevo a la infancia en los barrios de la gran ciudad. Necesitamos 28.000 apoyos
    https://decide.madrid.es/proposals/22742-derecho-a-jugar-para-un-madrid-mas-amigable-con-la-infancia/

    Wow. La verdad es que es alucinante, y me dejan helada sobre todo las estadísticas. ¿Hay menos criminalidad en España? Hace poco escribí precisamente del tema de la sensación de seguridad que hay aquí en Alemania, aquí los niños van solos al colegio desde los 6 o 7 años en muchos casos, y hay cosas que parece que ni se les pasan por la cabeza que puedan ocurrir. En España somos mucho más paranoicos, y en otros países de Latinoamérica ni te cuento. Tenemos grabado a fuego todo lo de no hables con extraños, no te vayas con nadie, no cojas nada de nadie… Y ahora con nuestros hijos vivimos con un miedo constante a que les pase algo, a que alguien se los lleve… Y como dices, los medios no ayudan nada (que si, hay que ser precavido, pero por ejemplo todo esto que salió hace poco de “solo bastan dos segundos” y similares… Si me están diciendo que incluso a mi lado es facilísimo que me los quiten… ¡Cómo le voy a dejar salir solo a la calle! 😓

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