Obesidad infantil: La desoladora realidad social que se esconde tras el Estudio Aladino

El día 7 de noviembre se hicieron públicos los datos del Estudio Aladino 2015 (Estudio de Vigilancia del Crecimiento, Alimentación, Actividad Física, Desarrollo Infantil y Obesidad en España), elaborado cada dos años por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan) . Pronto, la mayoría de medios se hicieron eco en sus titulares de un dato: el sobrepeso en niños de 6 a 9 años había descendido un 3,2% en los últimos cuatro años. En Madresfera nos preguntamos si es suficiente esa cifra y qué se esconde tras ella.

Por Diana Oliver y Adrián Cordellat

“En el Estudio Aladino 2013 sólo se tuvieron en cuenta para la elaboración del mismo a los niños de 7-8 años”, afirma Luis Cabañas Alite, dietista-nutricionista y autor del blog ‘Como cuando como’, en el que ha realizado un exhaustivo análisis crítico del estudio: “Si del informe 2015 quitamos el grupo de 6 años y comparamos con el de 7-8 del de 2013, los datos no han cambiado demasiado. Hay un 0,3% menos de sobrepeso, pero aumenta un 1% la obesidad”, afirma antes de asegurar, no obstante, que basarse en los números es un “error”, ya que en vez de poner el foco en la cantidad habría que situarlo sobre la calidad: “Puede que un niño no haya desarrollado aún sobrepeso, pero estamos creando armas de destrucción masiva, estamos creando niños que comen muy mal, cuyos hábitos no van a mejorar y que quizás ahora no sufran sobrepeso, pero sí que van a tender a ello y a sufrir enfermedades metabólicas en el futuro”.

“Disminuir en tres puntos porcentuales el sobrepeso infantil me parece insuficiente”, analiza por su parte Joan Carles Montero, dietista-nutricionista y miembro de la ONGD Alimentacción: “Hablamos de más de un 40% de población infantil con sobrepeso y obesidad. Es escalofriante si pensamos en el porqué y el cómo hemos llegado a estas cifras y, ante todo, si pensamos qué hemos hecho y qué no hemos hecho, no ya durante estos últimos años, sino desde hace mucho tiempo para llegar a la situación actual”.

¿Qué está fallando entonces? “Todo menos los niñas y niñas, que no son responsables de nada”, afirma tajante Montero, que señala la poca política de prevención, la autorregulación de la industria alimentaria y las decisiones de los adultos, que en muchas ocasiones se deciden por productos insanos “por agradar, por evitar enfrentamientos y por comodidad” en vez de por productos saludables para sus hijos.


Un lobo protegiendo a las gallinas

Para el pediatra Carlos Casabona, autor del libro ‘Tú eliges lo que comes’, el hecho de que los políticos «saquen pecho» por esa ligera disminución a nivel global del número de niños con sobrepeso “da alas” a la industria alimentaria, “que una vez más saldrá de rositas, por la puerta trasera y sin que nadie le tosa, infiltrada en los puestos de decisión a la hora de decidir políticas sanitarias eficaces”.

“Estamos poniendo al lobo a proteger a las gallinas”, asegura por su parte Luis Cabañas, que recuerda que tres de las estrategias nacionales en la lucha contra la obesidad son dirigidas por la industria alimentaria, entre ellas el Código PAOS, realizado por la propia FIAB (Federación de Industrias de Alimentos y Bebidas) para “autorregularse” su publicidad. «¿En qué cabeza cabe que no estemos regulando la publicidad que podrían llegar a ver los niños durante dos horas al día?. se pregunta. “Al final esos anuncios les están educando, y muy mal, en sus hábitos alimenticios».

obesidad infantil 1


La pobreza como factor de riesgo

Los padres y niños de las familias de rentas más bajas y con un nivel sociocultural más bajo son los que más expuestos están a la publicidad de productos insanos, ya que no tienen información con la que contrarrestar los impactos que les llegan mediante los anuncios televisivos: “Para estas familias es más difícil revertir la situación porque la información que reciben es la que les ofrece la publicidad y al final son más vulnerables”, afirma Cabañas. Por ello, quizás, son también los que tienen las tasas de sobrepeso y obesidad más altas, un dato que se incluyó con letra pequeña en la nota de prensa remitida por los autores del Estudio Aladino y que los medios de comunicación recogieron de la misma forma. “Para mí es el punto más negro de los resultados de este Aladino 2015 y, sin embargo, se pasa de puntillas por él”, asegura Casabona.

El pediatra recuerda que la bajada de cifras respecto al estudio del 2013 es “solo” para aquellas familias con ingresos medios o medio-altos, ya que en el caso de las familias con ingresos menores a 18.000/año, la obesidad y el sobrepeso han ascendido en conjunto un 14,1% respecto a 2013: “Esto nos lleva a una triste conclusión: el exceso de peso infantil (EPI) ha subido en los más desfavorecidos y ha bajado, efectivamente, en las capas mejor informadas, las que pueden apuntar a los niños a actividades deportivas, además de comprar buenas y caras frutas y verduras y frutos secos sin procesar. El EPI se ha convertido finalmente en una característica más de la infancia más desfavorecida, de inmigrantes poco integrados, de familias con pocos recursos. Fíjate que hay estudios donde hablan que en la etnia gitana el EPI llega al 60%”, reflexiona.

Para Luis Cabañas, por su parte, decir que la obesidad es del 18%, es dar un dato “demasiado simplista”. En palabras del nutricionista, lo más correcto sería afirmar que el 36% de los niños pobres tienen obesidad y que un 9% de los niños ricos también la sufren: “Si comparas el estudio de hace dos años con el actual ves como en 2013 4 de cada 10 niños de familias pobres tenían sobrepeso/obesidad. Ahora son 5,5 de cada 10”. ¿Un dato desolador? “Es difícil de digerir. Algo estamos haciendo muy mal cuando aumentando la pobreza, aumentamos también las tasas de obesidad, que hay que recordar que es una enfermedad que se perpetúa, así que el problema es que le estamos robando salud al futuro”. En ese sentido, el nutricionista recuerda que entre un 54 y 56% de los niños obesos tienen padres también obesos. “¿Se debe a la genética? ¿A los hábitos? ¿A la información?”, se pregunta. “Probablemente será un poco todo, pero seguro que tendrá mucho que ver con los hábitos y la información, porque nuestros hábitos dependen mucho de la información que tenemos”.

“Para mi lo que indican estas cifras es un problema mucho más grave y es que en España la supuesta recuperación económica no es evidente, al menos en datos microeconómicos como estos”, afirma por último Joan Carles Montero, que asegura que si seguimos creando este tipo de desigualdades socioeconómicas, “jamás construiremos un país digno”.


Poner coto a la obesidad

“Habría que desarrollar sistemas para que los niños con menor capacidad informativa por parte de sus padres o cuyos padres saben menos de alimentación, adquieran esa capacidad para comer bien. Igual tenemos que hacer talleres en los colegios, igual hay que empezar a educar sobre alimentación en las aulas”, propone Cabañas, que también destaca la importancia de incluir la figura del dietista-nutricionista en el sistema público de salud. Aspecto, este último, en el que coincide con Joan Carles Montero, que asegura que sería un acto de “justicia y coherencia sanitaria”.

Todos coinciden también en la necesidad de educar a la población y de establecer un mayor control sobre la industria alimentaria y sobre la publicidad que realiza. Carlos Casabona, por su parte, aboga por incluir etiquetados “más legibles y con advertencias” sobre los valores nutricionales de los productos insanos (como muestra la imagen del ejemplo).


obesidad infatil - carlos casabona


Montero afirma también que gravaría con impuestos todos los productos reconocidos como insanos, “ya que se ha demostrado que es una medida eficaz, poco popular, pero eficaz”. En ese sentido Casabona recuerda que es una medida que ya se ha tomado en México y que el próximo año entrará en vigor en el Reino Unido. Luis Cabañas, por último, afirma que los impuestos no son la única solución, sino que es imprescindible “hacer una campaña para educar”, como pasó con el tabaco: “Te educamos, intentamos que no consumas y ya por último te metemos un impuesto”, que para el dietista-nutricionista podría pasar tanto por aumentar el de productos insanos como por reducir los asociados a frutas y verduras.

Por último, Joan Carles Montero pide al Ministerio de Sanidad y al de Agricultura que hagan campañas a favor del consumo de alimentos frescos y de temporada: “Esto significa que probablemente tengamos que ayudar a resurgir al agricultor que cada mañana, muy temprano, se pone en pié para que tengamos comida, comida de verdad sin etiquetas, en nuestras casas”.

 


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Autor entrada: Diana Oliver

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