Esto me aneta muchísimo: Lo que la maternidad me ha enseñado sobre el amor

Aprovechando que hoy es el día del amor por excelencia, le hemos preguntado a Vanesa Piñeiro, autora del blog Una madre como tú, sobre el amor y la maternidad.  Y esto es lo que nos ha contado: 

Se decía en tiempos que tener hijos era la culminación del amor. Igual pensáis que estoy  un poco loca, porque no podría estar más en desacuerdo con esta afirmación. Tener hijos no culmina el amor de una pareja, yo creo que más bien lo pone a prueba.

Lo pone a prueba cuando, por quinto día consecutivo, tu hijo se despierta diez veces por la noche, y tu pareja no se entera ninguna de ellas, ninguno de los días.

O cuando él viene con el Tupper de puré que le ha dado su madre, y tu respondes con un ¡vade retro!  nuestro bebé hará Baby led weaning.

O cuando uno considera vital para su educación que vaya al máximo de extraescolares posibles, y el otro que son totalmente innecesarias y sólo debe ir a alguna para divertirse.

Y así una cosa y otra, un día y otro, un mes y otro…

Pero más allá de las pruebas a la pareja, la maternidad me ha enseñado muchísimo sobre el amor.

El amor, el de verdad, no es esa pamplina romántica que nos enseñaron en las películas, ni el cuento del príncipe azul que nos vendieron desde niñas.

Porque seguro que en algún momento de tu vida ha habido una persona que te ha hecho sentir que jamás podrías querer más a nadie de lo que le quieres.

Pero entonces nace tu primer hijo.

Y entiendes.

Era esto.

El amor verdadero, era esto.

Sientes tanto miedo como felicidad, tanta alegría como dolor. Sientes tanto que crees que te superará, pero no. O si. Pero aún así, no lo cambiarías por nada del mundo.

Y cuando llevas un mes sin dormir más de tres horas seguidas, y se vuelve a despertar. Y  te quieres volver loca. Y te levantas por la mañana destrozada, creyendo morir. Y sonríe.

Era esto.

Aunque luego vendrán días y noches interminables, consejos no pedidos y críticas indebidas, soledad, silencios, más noches interminables, rabietas, cuenta hasta mil, dos mil tres mil, señor dame paciencia…

Y un día te sorprende diciendo: te tero.

Y quieres parar ese instante para siempre, esa carita, esas manitas, ese sentimiento, ese corazón que se te va a salir por la boca de lo grande que se ha hecho. Y te das cuenta de que esa primera vez no se repetirá, que habrá muchas otras, más grandes, más pequeñas, más alegres, más dolorosas… y todas pasarán tan rápido que dan vértigo, pero todas ellas serán un tesoro, el mejor tesoro, el que te hace sentir una felicidad como no habías sentido antes.

Sí, sin duda, el AMOR, era esto.

https://unamadrecomotu.com/ 

 

 

Autor entrada: Rocío Cano

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