Carles Capdevila: “La paternidad es la experiencia más transformadora, más apasionante y más dura a la que me he enfrentado nunca”

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Carles Capdevila: “La paternidad es la experiencia más transformadora, más apasionante y más dura a la que me he enfrentado nunca”

Su acento le delata. No puede negar el periodista y guionista Carles Capdevila que la sangre catalana corre por sus venas. Tampoco lo apasionante e inspiradora que es para él la experiencia de la paternidad. Tanto es así que desde hace años centra su labor periodística y literaria y sus monólogos en la educación y la crianza. Eso sí, siempre desde el optimismo, el humor, la ironía y la búsqueda del equilibrio, algo que intenta transmitir en sus charlas y monólogos porque, como él mismo dice, “no hay nada más tranquilizador que ver que otros lo hacen peor que tú”.


Por Diana Oliver


Se acaba de lanzar la versión ampliada y revisada de ‘Parir con humor’, el libro con el que empezó todo hace 17 años y del que se vendieron 30.000 ejemplares. En el prólogo dices que no eres “el mismo que escribió aquel libro” (ahora tienes dos hijos más y un montón de textos y conferencias sobre educación a tus espaldas) pero que te reconoces en él. ¿Qué ha cambiado del Carles del 2000 con respecto al de ahora?

En primer lugar, tengo que decir que el libro ha sido revisado porque hay cosas que a día de hoy probablemente ni se entiendan. Por ejemplo, por aquella época la gente no tenía móvil y hacía los álbumes en papel y toda esa serie de cosas. Además, tengo que decir que ahora mismo no escribiría este libro porque es un libro muy tierno, muy entrañable, muy de “estar metido en el túnel”. Ten en cuenta que cuando lo escribí acaban de nacer mis dos primeros hijos, que además se llevan muy poco entre ellos. Era un momento de “desbordamiento”. Estábamos desesperados.

Pero me ha hecho mucha ilusión volver a lanzar el libro porque creo que los dos primeros años, desde que decides el embarazo hasta el momento del nacimiento, son los años que más te transforman y que más cambios conllevan, y eso ahora me parece muy tierno; es un humor muy tierno. Ahora, dos hijos más después de aquello y con la perspectiva que da el tiempo me he convertido en una persona más tranquila, más relajada. Miro de forma entrañable a aquel Carles que estaba agobiado, que estaba preocupado porque no entendía a su mujer, que estaba muy metido en el túnel. Ahora tengo hijos adolescentes y tengo problemas mayores.

Creo que hay una parte universal en esto de la paternidad y la maternidad que se refleja especialmente durante el embarazo y el primer año, ya que todos lo vivimos muy parecido. Yo creo que casi incluso hasta que se retira el pañal. Lo que más me gusta de mi trabajo es buscar los puntos que nos unen: cuando descubres que hay gente tan patosa como tú, te relajas un poco. Y esa es mi intención. El libro ‘Parir con humor’ trata de hacer ese humor tierno, hacerte sonreír y sentirte identificado con cada pequeña situación.

Desde que decides el embarazo hasta el momento del nacimiento, son los años que más te transforman y que más cambios conllevan.

¿Es esto de la paternidad / maternidad un aprendizaje mutuo continuo?

Para mí lo mejor que me ha ocurrido es tener cuatro hijos y tener la oportunidad de poder hacer programas de radio, conferencias y libros sobre esto, que es lo que me gusta. Ser padre es un aprendizaje permanente que no termina nunca y creo que ha sido la experiencia más transformadora, más apasionante y más dura a la que me he enfrentado nunca. De hecho, mi consejo siempre es “no tengas hijos y si los tienes a pringar y a divertirte”. Me irrita la gente que los tiene y se pasa el día quejándose.

Cuando tienes un hijo debes saber que es para toda la vida; debes asumir un proyecto a largo plazo y tener claro que hay que estar ahí. Hay que vivirlo con todas las consecuencias y con ganas de divertirte, de disfrutarlo y de aprender. Y de hecho, esto es un poco lo que intento transmitir cuando hablo con padres.

¿Y qué enseñanza sacas tú de tu paternidad?

En primer lugar me ha enseñado algo increíble: descubrir el amor incondicional. Yo pienso que hemos venido a este mundo a amar y a ser amados, a cuidar, y ser cuidados. El mundo no parece muy organizado en favor de esto pero creo que lo que más nos preocupa es querer y que nos quieran. Ser padres te lleva a este mundo del amor irracional, incondicional.

En segundo lugar, también he descubierto lo contradictorio que es el ser humano. Por culpa de esta pasión muchas veces he hecho cosas que me prometí que nunca haría.

Y en tercer lugar, creo que la paternidad te conecta directamente con tus padres, si es que tienes la suerte de tenerlos, y con tu infancia. Tener hijos me ha llevado a replantearme como fui de niño, pero también a ver a mis padres como abuelos que es una figura maravillosa a la que deberíamos respetar un poco más. Ver a mis padres como abuelos y ver cómo les quieren mis hijos pues también ha supuesto una transformación brutal. La paternidad es una experiencia muy completa y gracias a la que puedes aprender mucho de la vida. Lo considero como un lujo, lo vivo como un lujo y lo que me queda porque aún son adolescentes y me queda mucho por acompañarles. Siempre digo que educar es acompañar, que significa estar ahí pero en la distancia justa, ni cerca, ni lejos, no sobreprotegerles, saber cuál es nuestro papel. Todo esto me apasiona. Es una aventura.

La paternidad te conecta directamente con tus padres.

¿Una buena educación pasa por unos padres empoderados e informados?

Creo que pasa por unos padres tranquilos y felices. Esa es la clave. Con lo de tener información tengo mis dudas porque creo que actualmente hay un exceso de información. Hay que estar empoderados, hay que estar informados pero ante todo tranquilos, con una actitud positiva. Con humor. Cada vez más estoy más convencido de que es más importante el clima y la actitud que cualquier otra cosa y esto requiere estar tranquilo, tener seguridad, tener espontaneidad y tener convicción.

Muchas veces veo que el exceso de información nos hace perder seguridad y convicción y creo que hay que educar con la seguridad de que saldrá bien. A veces hay manuales o expertos que nos acomplejan y que nos pueden hacer sentir como idiotas. Prefiero expertos que me animen, que me den fuerza y no expertos que me asusten y que me acomplejen. No hay recetas perfectas, la única receta está en querer a nuestros hijos, conocerles, estar a su lado e intentar educarlos con todas nuestras fuerzas.

De hecho, he leído que de ‘Educar mejor’, tu último libro, precisamente has dicho: “No busquéis métodos personalistas ni recetas magnificas ni soluciones espectaculares”. Tras contar con 11 expertos en educación… ¿Cuáles son las conclusiones que has sacado sobre ese “educar mejor”?

Bueno, yo de ‘Educar mejor’ estoy muy orgulloso porque es el libro del que puedo hablar mejor porque no es mío. Yo solo soy un mero intermediario que intenta sacar lo mejor de sus expertos preferidos: Gregorio Luri, José Antonio Marina, Francesco Tonucci, María Jesús Comellas, Carme Thió… Por mi trabajo he tenido la suerte de conocer a muchos expertos y he seleccionado a los que he considerado que aportan más sentido común y que aportan ese “tú puedes”, “tú lo conseguirás”… Para mí lo más importante era conseguir gente equilibrada. Actualmente se dan debates muy complicados entre quienes apuestan por una educación más orientada al apego y los que optan por métodos más conductistas. La gente está muy radicalizada y es poco tolerante. Para mí lo importante de los expertos de ‘Educa mejor’ es que son personas centradas y encontrar el equilibrio es el objetivo del libro para aportar tranquilidad. Que sirva de utilidad, te empodere y te dé inspiración para poder enfrentarte a tu hijo sin miedo.

Imagen de Berta Tiana Fotografía
Imagen de Berta Tiana Fotografía

En general, ¿tenemos miedo a reconocer nuestros errores frente a los hijos cuando nos equivocamos?

Tenemos miedo en general a la sociedad. Y con los hijos pues es lo mismo. Nos cuesta. Yo cuando me equivoco, pido perdón a mis hijos pero también creo que siempre se puede combinar con ironía. Con humor. Yo también pierdo los nervios, grito y creo que hay que pedir perdón pero yo creo que sin hacer un drama: es normal que tengamos un mal día, que perdamos los nervios, hay momentos en los que no podemos más, que estamos cansados. Y todo esto es compatible con educar.

Y por último, ante el exceso de información que vivimos acerca de todo lo que tiene que ver con los hijos, ¿qué consejo darías a unos padres que se encuentran ahogados entre tantos consejos, entre tanta información?

Yo creo que hay una cosa que ayuda mucho y es pensar en el niño o el adolescente que fuimos. Y también pensar qué es lo que hicieron nuestros padres porque ellos también hacían cosas bien. Yo, por ejemplo, estoy feliz de poder educar en democracia, algo que nuestros padres no pudieron hacer. Buscando en nuestra infancia, en nuestra adolescencia, buscando en nuestros padres podemos tener alguna pista para encontrar el sentido común en todo esto.

Y sobre todo hablar. Hablar mucho con otros padres porque nada consuela más que ver que otros padres lo hacen peor tú (Risas). En las charlas siempre intento ridiculizarme porque creo que eso tranquiliza a la gente. El consuelo de ver que todos estamos mal y que hay algunos que incluso están peor pues produce un efecto tranquilizador. Te sientes parte de una locura colectiva y te sientes más “normal”. Yo creo que por esto me he convertido en casi en una especie del apóstol del humor tratando el tema de la paternidad porque creo que hace falta divertirse más, reírse de nuestros propios errores. Tranquilizarse.

A veces veo a padres realmente preocupados, asustados, sobre todo a madres angustiadas por cosas muy pequeñas, por decisiones que han tomado con sus hijos y ese sufrimiento no llega a ninguna parte. Yo siempre les digo que no soy experto de nada pero si hay algo que veo, y que diversos expertos me han dicho muchas veces, es que para un hijo lo importante es la seguridad de sus padres en sus decisiones. Eso les tranquiliza. Que nuestros hijos nos vean dubitativos, les descoloca. Y muchas veces la decisión no es importante sino el clima en el que se toma esa decisión. Conseguir un buen clima familiar, el humor, la ironía y reírnos de nosotros mismos al final creo que son la clave de todo esto.

 

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Autor entrada: Diana Oliver

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